sábado, 5 de diciembre de 2009

UNA NIEBLA PENETRA POR LA BARRA

Una niebla penetra por el puerto
y oscurece las luces de la barra,
las farolas apenas los alumbran,
a los hombres que pescan con su caña.

Es la bruma que llega lentamente
con su manto y negrura tan macabra,
un silencio se extiende por los muelles,
que la mar no lo rompe ni lo acalla.

Es la niebla que surge de la vida,
es la bruma que llega a la garganta,
son las nubes cargadas de tinieblas
las que ocultan misterio tras su cara.

Es diciembre y los días son muy cortos,
y en los mismos el sol pronto se marcha,
abandona los campos y la tierra
y se va a otras tierras más lejanas.

Es entonces que surgen las tinieblas,
y del mar esa bruma ya se escapa
y nos llega impulsada por la brisa,
y nos roza impaciente con sus alas.

Se estremecen los cuerpos cuando sienten,
esa niebla que envuelve y que atenaza,
ese abrazo que surge de los mares
y que toca la fibra de las almas.

Es la hora impaciente de los sueños,
los que guardan en urnas sus alhajas,
por los seres que a ellos se confían
y les dejan sus joyas más preciadas.

Más la niebla no sabe de estas cosas,
sólo cubre a la vida con la nada,
aunque ahogue las almas de los hombres
y les deje sin voces ni palabras.

Pero el hombre es el dueño del destino,
es la esencia en la vida consagrada,
él está por encima de la niebla
más allá de la bruma que le abraza.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/12/09

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