jueves, 3 de diciembre de 2009

ES LA LLUVIA Y ES OTOÑO


Hace frío y la humedad está por todos lados.
Aparece por las casas y te abraza,
se apodera de los muebles, de las ropas
y se extiende con su manto
que nos tapa y nos encoge.

Desearía compartir ese calor
que tú ahora tienes,
esa dulce primavera que te besa
y que te abraza,
ese clima bonancible que es preludio
del verano que está cerca.

Y quisiera compartir los días grises,
los azules,
los de nubes plateadas,
los de noches estrelladas
con las voces de las olas,
con los cantos de sirena,
con olores a salitre de la playa.

Pero tengo que mirarte
con mis ojos ya cerrados,
recordando tus pupilas y tu cara,
ese rostro siempre tierno,
siempre dulce y tan amable,
que me enseñas y presentas,
que me ofreces con tu risa
y con tus labios temblorosos,
mientras habla tu mirada
y tus manos no descansan
en un diálogo sin fin y sin inicio.

Es otoño y casi invierno
en la tarde que termina;
pasa el tiempo lentamente
con sus nubes hoy tan tristes,
y percibo que en la calle cae la lluvia.
Son las gotas diminutas que comienzan,
con sus besos engañosos,
a dejarnos los suspiros,
los susurros de unos labios invisibles,
los mensajes arrancados de algún pecho,
allá en los cielos,
ó quizás de la persona tan amada.

Poco a poco va en aumento el aguacero
y las gotas son constantes,
son más gruesas;
es el llanto desbordado
de los cielos que no paran,
que han abierto las exclusas de su alma
y que sacan a la tierra lo que llevan,
lo que esconden
y quizás entre esas gotas encontremos
la semilla de la vida,
la respuesta a los porqués y a tantas dudas.

He pensado que no llevo mi paraguas,
pues no quiero que mi cuerpo se proteja,
que prefiero que se bañe con la lluvia,
que se empape con el agua,
que reciba sus caricias y sus besos
y que tiemble, y no de frío,
mientras siente los susurros,
los suspiros, los latidos que le llegan
y le dicen un mensaje sin palabras.

Es la lluvia y es otoño, simplemente.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/12/09

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