jueves, 3 de diciembre de 2009

UN DÍA TE DESPIERTAS Y VES TODO

Un día te despiertas y ves todo,
ves la vida y la tierra con la nada,
te estremeces de miedo al descubrirlo
pues la nada es la dueña de tu alma.

Es entonces que toca mover ficha,
y que suenen clarines y campanas,
que se agiten las fibras de tu pecho
y que salgan sin pausa las palabras.

Cuando un hombre despierta, en este estado,
las preguntas afloran sin pensarlas,
él no sabe si es fruto del destino
o de un algo sutil que se le escapa.

Pero siente que el alma estremecida,
la que grita, se agita y la que llama,
se consume sin pausa en esa hoguera
mientras mira la vida que se pasa.

Este hombre es un hombre, como todos,
es valiente y cobarde, según cuadra,
es miedoso y también inteligente
aunque un algo le queme la garganta.

Y ese algo es la duda permanente
de saber si es amado por quien ama,
de sentir la caricia y el cariño
y también ese beso que reclama.

Sin embargo no olvida los deseos
que añoró de pequeño en una playa,
aunque vague entre sombras y entre dudas,
y aunque siga la senda equivocada.

Nada es cierto en la hora de la vida,
y al final esa nada te acompaña,
te rodea y te abraza entre sus brazos
mientras lloras y sufres por su causa.

¡Cuánto ansías sentir esa caricia,
esa mano de seda tan amada!,
y tocar con tus dedos esa frente,
y besar con tus labios esa cara.

Pero esto que es fácil y sencillo,
lo consiguen personas muy contadas,
las que tienen el alma redimida,
las que viven y sienten la esperanza.

Rafael Sánchez Ortega ©
03/12/09

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