Rescato unos libros
perdidos en el tiempo.
Los miro y acaricio,
les quito el duro polvo
anclado entre sus lomos,
repaso lentamente
sus páginas doradas
en busca de poemas.
Los veo y allí están;
me llaman y me gritan,
me piden que los lea,
que los saque, quizás,
de ese letargo,
de ese sueño profundo
en que se encuentran.
Y entonces con mis dedos
recorro verso a verso
las letras que dejaron
unas manos invisibles;
unas manos nerviosas
que trazaron esos signos,
con un dulce contenido
que me embriaga,
y que me lleva
a ese mundo de los sueños.
Con paciencia yo repaso
y me releo los poemas.
Son las voces contenidas,
son los gritos y suspiros,
son las lágrimas calladas,
son las olas de los mares,
es el viento del nordeste,
es la rosa transformada,
es la brisa en la mañana
y es tu cara la que veo
entre los versos y poemas.
Cierro el libro con sus versos
y lo guardo con los otros.
Otros libros y otras vidas,
otros sueños retenidos,
otros cientos de latidos,
otros besos que allí salen
de mis labios
y un suspiro permanente
que allí flota,
entre versos y poemas,
con mis labios
murmurando una plegaria,
ese rezo permanente,
ese nombre que es tu nombre,
y ese grito que se escapa,
que palpita, que desborda
y que dice que te quiero
y que te amo...
Aunque sea en estos libros
rescatados entre el polvo,
rescatados del olvido
y que tomo para ti,
en este día, con un beso.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/11/09
perdidos en el tiempo.
Los miro y acaricio,
les quito el duro polvo
anclado entre sus lomos,
repaso lentamente
sus páginas doradas
en busca de poemas.
Los veo y allí están;
me llaman y me gritan,
me piden que los lea,
que los saque, quizás,
de ese letargo,
de ese sueño profundo
en que se encuentran.
Y entonces con mis dedos
recorro verso a verso
las letras que dejaron
unas manos invisibles;
unas manos nerviosas
que trazaron esos signos,
con un dulce contenido
que me embriaga,
y que me lleva
a ese mundo de los sueños.
Con paciencia yo repaso
y me releo los poemas.
Son las voces contenidas,
son los gritos y suspiros,
son las lágrimas calladas,
son las olas de los mares,
es el viento del nordeste,
es la rosa transformada,
es la brisa en la mañana
y es tu cara la que veo
entre los versos y poemas.
Cierro el libro con sus versos
y lo guardo con los otros.
Otros libros y otras vidas,
otros sueños retenidos,
otros cientos de latidos,
otros besos que allí salen
de mis labios
y un suspiro permanente
que allí flota,
entre versos y poemas,
con mis labios
murmurando una plegaria,
ese rezo permanente,
ese nombre que es tu nombre,
y ese grito que se escapa,
que palpita, que desborda
y que dice que te quiero
y que te amo...
Aunque sea en estos libros
rescatados entre el polvo,
rescatados del olvido
y que tomo para ti,
en este día, con un beso.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/11/09

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