Van a llegar las nieves prontamente
y dejarán su beso en la montaña,
con la caricia linda y siempre fría,
en ese manto de pureza blanca.
Es el aviso amargo de los cielos
que nos anuncia la infeliz llegada,
donde la nieve arrea los ganados
para hacinarse pronto en las cabañas.
Es el invierno duro el que regresa
tras el otoño, que muy pronto pasa,
es el vestido huraño de los cielos
con esas telas que se cubre y tapa.
Van a quedar los bosques solitarios
con los robles desnudos y las hayas,
y cubrirá sus troncos de figuras,
con la nieve mezclada entre sus ramas.
Hay soledad y un poco de tristeza
en estas fechas donde el sol se apaga,
donde atardece un poco más temprano,
y donde el día se resiste al alba.
De nuevo correrán aguas abajo,
los ríos por caudales y gargantas,
y el canto estremecido de las mismas
pondrá una nota tibia de esperanza.
Quizás la melodía de los ríos
se mezcle con los hombres y sus almas,
y saque de sus pechos las sonrisas.
allí, junto a los lares de sus casas.
Quizás la nieve blanca y tan hermosa
les diga que el invierno es una etapa,
un puente entre el otoño y primavera,
un lazo de la vida que no acaba.
Un beso que se dan dos estaciones
teniendo en el invierno su posada,
en ella dormirán tantos otoños
naciendo primaveras en sus marzas.
Se apagarán entonces los suspiros
y crecerán un tanto las jornadas,
mientras la nieve, aquella de los montes,
se marchará fundida entre las aguas.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/11/09
y dejarán su beso en la montaña,
con la caricia linda y siempre fría,
en ese manto de pureza blanca.
Es el aviso amargo de los cielos
que nos anuncia la infeliz llegada,
donde la nieve arrea los ganados
para hacinarse pronto en las cabañas.
Es el invierno duro el que regresa
tras el otoño, que muy pronto pasa,
es el vestido huraño de los cielos
con esas telas que se cubre y tapa.
Van a quedar los bosques solitarios
con los robles desnudos y las hayas,
y cubrirá sus troncos de figuras,
con la nieve mezclada entre sus ramas.
Hay soledad y un poco de tristeza
en estas fechas donde el sol se apaga,
donde atardece un poco más temprano,
y donde el día se resiste al alba.
De nuevo correrán aguas abajo,
los ríos por caudales y gargantas,
y el canto estremecido de las mismas
pondrá una nota tibia de esperanza.
Quizás la melodía de los ríos
se mezcle con los hombres y sus almas,
y saque de sus pechos las sonrisas.
allí, junto a los lares de sus casas.
Quizás la nieve blanca y tan hermosa
les diga que el invierno es una etapa,
un puente entre el otoño y primavera,
un lazo de la vida que no acaba.
Un beso que se dan dos estaciones
teniendo en el invierno su posada,
en ella dormirán tantos otoños
naciendo primaveras en sus marzas.
Se apagarán entonces los suspiros
y crecerán un tanto las jornadas,
mientras la nieve, aquella de los montes,
se marchará fundida entre las aguas.
Rafael Sánchez Ortega ©
26/11/09

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