Yo sé que mis palabras son el eco
y rompen el silencio en que se hallan,
llegando como alegres golondrinas
en busca de su nido entre las ramas.
Más quiero que esta voz no quede muda
ni quede sepultada en la garganta,
yo quiero que te llegue y que te envuelva
cubriendo de caricias a tu cara.
El eco son las voces del pasado
que vuelven de regiones ignoradas,
suspiros que han salido de los pechos
y rezos a los dioses en la playa.
Por eso en este eco que yo cito,
el mismo que la bruma nos rescata,
encuentro viejos restos del pasado,
retales que he vivido y añoranzas.
Encuentro al corazón tan dolorido
soñando de emoción por la mañana,
gritando entre susurros ese nombre
al rostro enamorado de su amada.
Encuentro tantas voces de los niños
hablando con juguetes y jirafas,
contándoles secretos de la vida
en una adolescencia no alcanzada.
He visto en ese eco muchas cosas,
al viejo marinero que miraba,
la barra embravecida de tormenta
y el fiero temporal llegando a casa.
También he contemplado a los ancianos
sentados en el parque de la plaza,
en medio de jardines y de fuentes
buscando con mirada extraviada.
Y he visto todo esto vida mía,
allí, con ese eco que llegaba,
dejándome recuerdos del pasado,
con dulces esperanzas en el alma.
Y entonces comprendí cuanto te quiero,
sintiendo aquella voz desde la nada,
gritando como gritan los amantes
y el eco confirmando mis palabras.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/11/09
y rompen el silencio en que se hallan,
llegando como alegres golondrinas
en busca de su nido entre las ramas.
Más quiero que esta voz no quede muda
ni quede sepultada en la garganta,
yo quiero que te llegue y que te envuelva
cubriendo de caricias a tu cara.
El eco son las voces del pasado
que vuelven de regiones ignoradas,
suspiros que han salido de los pechos
y rezos a los dioses en la playa.
Por eso en este eco que yo cito,
el mismo que la bruma nos rescata,
encuentro viejos restos del pasado,
retales que he vivido y añoranzas.
Encuentro al corazón tan dolorido
soñando de emoción por la mañana,
gritando entre susurros ese nombre
al rostro enamorado de su amada.
Encuentro tantas voces de los niños
hablando con juguetes y jirafas,
contándoles secretos de la vida
en una adolescencia no alcanzada.
He visto en ese eco muchas cosas,
al viejo marinero que miraba,
la barra embravecida de tormenta
y el fiero temporal llegando a casa.
También he contemplado a los ancianos
sentados en el parque de la plaza,
en medio de jardines y de fuentes
buscando con mirada extraviada.
Y he visto todo esto vida mía,
allí, con ese eco que llegaba,
dejándome recuerdos del pasado,
con dulces esperanzas en el alma.
Y entonces comprendí cuanto te quiero,
sintiendo aquella voz desde la nada,
gritando como gritan los amantes
y el eco confirmando mis palabras.
Rafael Sánchez Ortega ©
12/11/09

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