viernes, 13 de noviembre de 2009

REZABAS NIÑA, REZABAS...

Rezabas niña, rezabas,
junto a la ermita del Cristo,
mientras soplaba la brisa
y te ondulaba el vestido.

Una oración a los cielos,
un suplicar calladito,
con esa eterna promesa
de comulgar en domingo.

Te conformabas con poco,
con que te hablara aquel chico,
el compañero de clase,
el que te puso el abrigo.

Todo pasó en un momento,
y sin poder impedirlo,
tu corazón apresado,
gime con cada latido.

Buscas la eterna mirada,
lanzas al aire un suspiro,
quedas mirando su huella
mientras él pasa tranquilo.

Por eso rezas mi niña,
por ese fuego infinito,
el que ha llegado a tus venas
y ha envenenado tu sino.

Ha ilusionado tu alma,
aquella cara de niño,
aquellos ojos azules
de aquel muchacho sencillo.

Pero tú crees que sus ojos
de ti quedaron prendidos,
y al cielo ruegas y pides
por ese amor con un grito.

Un grito lanzas al cielo,
un rezo hasta el Cristo vivo,
para que llegue hasta el joven
que te nubló los sentidos.

Un rezo al Cristo de Bielva,
pide la niña al mendigo,
para que sacie su alma
y le conceda el cariño.

Quiere aquel joven muchacho,
quiere abrazarlo con mimo,
quiere que tome sus labios
con esa Cruz por testigo.

"...Rezabas niña, rezabas,
cuando pasé sin ser visto,
mientras secaba tu llanto
y te ondulaba el vestido..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/11/09

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