Que los gozos y las sombras,
en la tarde de este otoño,
me transmitan la alegria
y el encanto de tus ojos.
Yo persigo tu mirada,
para ver este tesoro,
esta alegre sinfonía
de un otoño tan hermoso.
Se atragantan las palabras
ante el bosque de la foto,
con sus hojas extendidas
por un suelo primoroso.
Es la alfombra tan dorada,
de los sueños y los cromos,
la buscada tanto tiempo
por caminos que se han roto.
Hoy el bosque se confiesa
y nos deja ver su fondo,
ese mundo con su magia
con veredas y con troncos.
Hay un halo de hermosura
que se extiende perezoso,
por las ramas y las sombras
de este sitio tan devoto.
Yo me siento sorprendido,
busco en ti eso que añoro,
la caricia de tus manos
y esos dedos tan graciosos.
Y te siento, vida mía,
en el bosque de los Gnomos,
en un mundo de los sueños
mientras río y mientras lloro.
Ahora sé que ya camino,
va conmigo un meteoro,
va el latido de tu pecho
junto al mío que no escondo.
Y te digo que te amo
en el bosque misterioso,
al abrigo de aquel roble
que da fé del protocolo.
Un suspiro me dedicas
con un beso que te robo,
y se unen nuestros labios
en un beso delicioso.
Son los gozos y las sombras
de la tarde de un otoño,
que ha venido con su encanto
y ha llegado hasta nosotros.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/11/09
en la tarde de este otoño,
me transmitan la alegria
y el encanto de tus ojos.
Yo persigo tu mirada,
para ver este tesoro,
esta alegre sinfonía
de un otoño tan hermoso.
Se atragantan las palabras
ante el bosque de la foto,
con sus hojas extendidas
por un suelo primoroso.
Es la alfombra tan dorada,
de los sueños y los cromos,
la buscada tanto tiempo
por caminos que se han roto.
Hoy el bosque se confiesa
y nos deja ver su fondo,
ese mundo con su magia
con veredas y con troncos.
Hay un halo de hermosura
que se extiende perezoso,
por las ramas y las sombras
de este sitio tan devoto.
Yo me siento sorprendido,
busco en ti eso que añoro,
la caricia de tus manos
y esos dedos tan graciosos.
Y te siento, vida mía,
en el bosque de los Gnomos,
en un mundo de los sueños
mientras río y mientras lloro.
Ahora sé que ya camino,
va conmigo un meteoro,
va el latido de tu pecho
junto al mío que no escondo.
Y te digo que te amo
en el bosque misterioso,
al abrigo de aquel roble
que da fé del protocolo.
Un suspiro me dedicas
con un beso que te robo,
y se unen nuestros labios
en un beso delicioso.
Son los gozos y las sombras
de la tarde de un otoño,
que ha venido con su encanto
y ha llegado hasta nosotros.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/11/09

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