Yo quiero que tú seas mi poema,
y quiero que tu nombre esté en mi boca,
que venga en mi suspiro contenido
que seas ese beso que me roza.
No quiero que las sombras de la noche
escondan ese nombre que se ahoga,
ni quiero que se queden en mis dedos,
los pétalos rosados de la aurora.
Yo quiero que tú seas mi sonrisa,
el labio que me bese sin demora,
la dulce algarabía de mis ojos,
y el pecho en que descanse mi persona.
No quiero que te sientas cenicienta,
ni quiero que te veas poca cosa,
tú eres la princesa de mis sueños,
la niña que encontré y que me adora.
Yo quiero que tú seas más que eso,
y dejes en mis versos lo que escondas,
aquello que tú guardas en el alma
la dulce sinfonía con sus notas.
No quiero que soportes los inviernos
desnuda y careciendo más de ropa,
tú tienes los vestidos más bonitos
que visten las estrellas y las olas.
Yo quiero que tú seas simplemente
el vuelo de la alegre mariposa,
el soplo de la brisa en la mañana,
el agua en la fontana que ahora brota.
No quiero que te veas marioneta
pues quiero que renazcas de las sombras,
que sientas en tu pecho mis latidos,
y que hablen mis palabras en tu boca.
Yo quiero que tú seas mi poema,
los versos de tu vida en las estrofas,
que lleven a los mismos lo que siento,
y griten mi locura en cada hoja.
No quiero cascabeles ni cometas
ni algas con rumor de caracolas,
yo quiero que tú seas solamente,
mi pulso y mi sostén hora tras hora.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/10/09
y quiero que tu nombre esté en mi boca,
que venga en mi suspiro contenido
que seas ese beso que me roza.
No quiero que las sombras de la noche
escondan ese nombre que se ahoga,
ni quiero que se queden en mis dedos,
los pétalos rosados de la aurora.
Yo quiero que tú seas mi sonrisa,
el labio que me bese sin demora,
la dulce algarabía de mis ojos,
y el pecho en que descanse mi persona.
No quiero que te sientas cenicienta,
ni quiero que te veas poca cosa,
tú eres la princesa de mis sueños,
la niña que encontré y que me adora.
Yo quiero que tú seas más que eso,
y dejes en mis versos lo que escondas,
aquello que tú guardas en el alma
la dulce sinfonía con sus notas.
No quiero que soportes los inviernos
desnuda y careciendo más de ropa,
tú tienes los vestidos más bonitos
que visten las estrellas y las olas.
Yo quiero que tú seas simplemente
el vuelo de la alegre mariposa,
el soplo de la brisa en la mañana,
el agua en la fontana que ahora brota.
No quiero que te veas marioneta
pues quiero que renazcas de las sombras,
que sientas en tu pecho mis latidos,
y que hablen mis palabras en tu boca.
Yo quiero que tú seas mi poema,
los versos de tu vida en las estrofas,
que lleven a los mismos lo que siento,
y griten mi locura en cada hoja.
No quiero cascabeles ni cometas
ni algas con rumor de caracolas,
yo quiero que tú seas solamente,
mi pulso y mi sostén hora tras hora.
Rafael Sánchez Ortega ©
25/10/09

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