Te sentí mi fiel nordeste,
con tu beso enamorado,
con tus manos invisible
y tu pelo blanco y cano.
Tu llegaste de los mares
con la brisa tras tus pasos,
y llegabas presuroso
con el aire alborotado.
Yo sabía de ese viento,
por marinos muy ancianos,
y al soplar, ellos decían,
hoy hay tiempo asegurado.
Silba y silba el fiel nordeste,
mientras roza los tejados,
y acaricia con sus dedos
a mi cuerpo sin tocarlo.
Es el signo de la vida,
del celeste tan ansiado,
que se extiende por los cielos
y nos cubre con su manto.
Hoy no hay nubes de tormenta,
hacia el mar marchan los barcos,
con sus velas desplegadas
y los hombres con sus cantos.
Boga y boga la barquilla,
los toletes chirriando,
con la música sublime
que se escapa de sus labios.
El nordeste grita y gime
cual caballo desbocado,
presto agita las banderas
del castillo solitario.
Ya recorre las callejas,
los caminos y los barrios,
marchitando sentimientos
en las rosas y los nardos.
Mas también este nordeste
es testigo de mis actos,
él penetra por mis venas,
me acaricia con sus manos.
Yo le hago confidencias
con el cuerpo tiritando,
con el alma estremecida
mientras siento su contacto.
Ese beso como el hielo,
que en silencio me ha dejado
con la brisa dura y fría
hoy me anima a recordarlo.
Yo te amé mi fiel nordeste,
entre lirios y entre abrazos,
en el cuerpo de mi amada
mientras ambos nos besamos.
"Te sentí mi fiel nordeste,
el del canto enamorado,
el amigo de marinos
y poetas en letargo".
Manda el aire con tu brisa,
rompe pétalos y cuadros,
haz que sienta tu salitre
y ese beso de tus labios.
Yo le tomo con los míos
y a otros labios yo lo mando,
doy tu beso fiel nordeste
a los labios que yo amo.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/10/09
con tu beso enamorado,
con tus manos invisible
y tu pelo blanco y cano.
Tu llegaste de los mares
con la brisa tras tus pasos,
y llegabas presuroso
con el aire alborotado.
Yo sabía de ese viento,
por marinos muy ancianos,
y al soplar, ellos decían,
hoy hay tiempo asegurado.
Silba y silba el fiel nordeste,
mientras roza los tejados,
y acaricia con sus dedos
a mi cuerpo sin tocarlo.
Es el signo de la vida,
del celeste tan ansiado,
que se extiende por los cielos
y nos cubre con su manto.
Hoy no hay nubes de tormenta,
hacia el mar marchan los barcos,
con sus velas desplegadas
y los hombres con sus cantos.
Boga y boga la barquilla,
los toletes chirriando,
con la música sublime
que se escapa de sus labios.
El nordeste grita y gime
cual caballo desbocado,
presto agita las banderas
del castillo solitario.
Ya recorre las callejas,
los caminos y los barrios,
marchitando sentimientos
en las rosas y los nardos.
Mas también este nordeste
es testigo de mis actos,
él penetra por mis venas,
me acaricia con sus manos.
Yo le hago confidencias
con el cuerpo tiritando,
con el alma estremecida
mientras siento su contacto.
Ese beso como el hielo,
que en silencio me ha dejado
con la brisa dura y fría
hoy me anima a recordarlo.
Yo te amé mi fiel nordeste,
entre lirios y entre abrazos,
en el cuerpo de mi amada
mientras ambos nos besamos.
"Te sentí mi fiel nordeste,
el del canto enamorado,
el amigo de marinos
y poetas en letargo".
Manda el aire con tu brisa,
rompe pétalos y cuadros,
haz que sienta tu salitre
y ese beso de tus labios.
Yo le tomo con los míos
y a otros labios yo lo mando,
doy tu beso fiel nordeste
a los labios que yo amo.
Rafael Sánchez Ortega ©
24/10/09

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