viernes, 23 de octubre de 2009

ERA EL ÚLTIMO VERSO DE UN POEMA

Era el último verso de un poema
donde acaban y duermen las palabras,
allí estaban las letras reunidas,
silenciosas, pacientes y calladas.

Pero el verso y poema ya cerrado
que dormía en la noche plateada,
contenía más sueños en sus letras
con suspiros y tiernas esperanzas.

Hay poemas escritos con la mano
y hay poemas escritos con el alma,
los primeros nos dejan unos signos,
los segundos el grito que nos llama.

Y ese verso que duerme silencioso,
como nota arrancada de aquel arpa,
es un trozo quizás de poesía,
un mensaje a la vida que se pasa.

Es el grito quizás desesperado
de ese alma que espera ilusionada,
de ese ser que palpita entre las sombras
mientras busca respuestas que reclama.

Hay un halo de notas y misterio,
y un susurro que llega de la nada;
sólo el verso y la pluma del poeta
dejarán con sus líneas cierta calma.

Un lector se detiene en el poema,
va leyendo despacio lo que guarda,
analiza a ese pecho que lo ha escrito
y un rubor se desliza por su cara.

Aquel verso que duerme silencioso,
el que cierra el poema y su ventana,
no son letras llegadas del vacío
pues contienen amor para su amada.

Es un verso tan sólo simplemente,
pero el verso del pecho que reclama,
el que deja en sus letras el mensaje
y el que pide ese beso que le falta.

Es la mano que busca vacilante
a la mano que espera su llamada,
a los ojos que buscan sus pupilas
para darles amor y confianza.

Rafael Sánchez Ortega ©
23/10/09

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