Una rosa de seda me entregaste
con sus pétalos, suaves, perfumados,
tenían el encanto y la ternura
de un cisne paseando junto al lago.
Con la rosa venían tantos sueños
con paciencia y ternura acariciados
y una gota temblando de rocío
que en un beso dejaste con tus labios.
Y esa rosa tejida con paciencia
que salió tiernamente de tus manos.
aquí está, en mi pecho, primorosa,
con sus hojas tan dulces palpitando.
Una rosa tan dulce y tan fragante
es la flor del jardín que deseamos,
su color se destaca con la grana
en el cielo azulado del verano.
Yo conservo la rosa tan preciada
y la miro y remiro muy despacio,
asociando tu nombre a su figura
y a ese vals que en la playa disfrutamos.
Eran olas tocadas por la brisa,
el nordeste temido de los barcos,
levantando el volante de tu falda
y a tu pelo sutil acariciando.
Yo guardé esa rosa dulcemente
con sus pétalos tiernos marchitados,
era más que una rosa su recuerdo,
era parte importante de unos años.
Y regué con mis lágrimas amargas
esas hojas dolientes y su tallo,
no quería muriera todavía,
esa rosa querida del pasado.
Más el polvo del tiempo no perdona
y se cubre con él el calendario,
mientras miro ese tiempo transcurrido
en el parque, sentado y esperando.
Ya se cubren los cielos de tormenta,
y las nubes nos dejan su regalo,
más la rosa que un día me entregaste
me sonríe y me llama suspirando.
Rafael Sánchez Ortega ©
04/10/09
con sus pétalos, suaves, perfumados,
tenían el encanto y la ternura
de un cisne paseando junto al lago.
Con la rosa venían tantos sueños
con paciencia y ternura acariciados
y una gota temblando de rocío
que en un beso dejaste con tus labios.
Y esa rosa tejida con paciencia
que salió tiernamente de tus manos.
aquí está, en mi pecho, primorosa,
con sus hojas tan dulces palpitando.
Una rosa tan dulce y tan fragante
es la flor del jardín que deseamos,
su color se destaca con la grana
en el cielo azulado del verano.
Yo conservo la rosa tan preciada
y la miro y remiro muy despacio,
asociando tu nombre a su figura
y a ese vals que en la playa disfrutamos.
Eran olas tocadas por la brisa,
el nordeste temido de los barcos,
levantando el volante de tu falda
y a tu pelo sutil acariciando.
Yo guardé esa rosa dulcemente
con sus pétalos tiernos marchitados,
era más que una rosa su recuerdo,
era parte importante de unos años.
Y regué con mis lágrimas amargas
esas hojas dolientes y su tallo,
no quería muriera todavía,
esa rosa querida del pasado.
Más el polvo del tiempo no perdona
y se cubre con él el calendario,
mientras miro ese tiempo transcurrido
en el parque, sentado y esperando.
Ya se cubren los cielos de tormenta,
y las nubes nos dejan su regalo,
más la rosa que un día me entregaste
me sonríe y me llama suspirando.
Rafael Sánchez Ortega ©
04/10/09

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