lunes, 5 de octubre de 2009

LA LLUVIA

Mirar llover es algo siempre tierno
es contemplar al cielo lo que manda,
es embriagarse con sus gotas cantarinas
y es el sentir el agua por tu cara.

Pero también la lluvia envía sus secretos
y nos envuelve en ellos con su magia,
en esa nube de inocencia pura
que llega aqui, dejando su esperanza.

Hay lluvia solitarias, lluvias tristes,
lluvias que lloran sus pequeñas lágrimas,
lluvias ardientes con sabor a sangre
y lluvias finas con la niebla blanca.

Pero otra lluvia, flota en el vacío
con las gotas que forma tu mirada,
yo las recibo ardiente y presuroso,
con un temblor que cruza mis espaldas.

Y este temblor mezclado con la lluvia,
empapa los vestidos de mi alma,
recorre lentamente mis sentidos
haciendo que camine por la playa.

Nunca me olvido de la lluvia aquella,
la lluvia juvenil en la mañana,
la lluvia de los niños que inocentes
formaban sus castillos y murallas.

La lluvia de los jóvenes adultos
buscando sus princesas encantadas,
el baile de las doce y la carroza
la dulce cenicienta y sus hermanas.

Para acabar calzando aquel zapato,
cambiando los palacios por su casa,
llenando sus armarios de ilusiones
de bellos sentimientos y guirnaldas.

Pero la lluvia pasa y tengo frío,
algo estremece y cala mis entrañas,
es un puñal que llega hasta mi pecho
mezclado con las gotas que resbalan.

Y busco entre la lluvia la caricia,
ese candor y el beso que me falta,
esa canción que llega presurosa
en el otoño con su noche clara.

Y encuentro entre las gotas esa mano,
la que calma mi sed acelerada
la que toma la lluvia con sus dedos
la que llega y me dice que me ama.


Rafael Sánchez Ortega ©
05/10/09

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