Voy a ver este otoño que ahora llega,
los hayedos que duermen en sus ramas,
con los robles preciosos que conozco
y sus hojas tan tiernas y doradas.
Es difícil sentir tanta belleza
entre el verde fragor que allí se escapa,
cuando sientes la fibra misteriosa
de la brisa en la tarde que se marcha.
Buscaré ese musgo junto la río,
entre el blanco correr de la cascada,
y la flor que perdida bajo el chopo
deja un broche sutil y de esperanza.
Hay un tilo que aguarda en el camino
para darme su sombra tan ansiada,
donde puede que vea al cervatillo
escapar a las zonas de montaña.
Quiero paz y embriagarme de la vida
y beber de ese río con sus aguas,
mientras siento el latido presuroso
de la fuente que surge de la nada.
Yo viví primaveras cantarinas
con el sol adorando tantas plantas,
elevando su tono de hermosura
y sintiendo el candor que me embriagaba.
Pero si algo faltaba en ese cuadro,
el verano llegaba con sus alas,
con su azul y su luz tan primorosa,
y ese algo que toca nuestras almas.
Ahora llega esta época distinta,
el otoño con sienes plateadas,
que despoja muy lento sus vestidos
y a las ramas las deja sin sus galas.
Pero tú, soñador empedernido,
el poeta que escribe en las mañanas,
soñarás con el bosque en el otoño,
mientras sientes la brisa que te llama.
Y la brisa de octubre que te llega
su caricia te deja alborozada,
con un eco paciente que repite
de otro pecho que grita que te ama.
Al final, cerrarás tus ojos verdes,
sentirás que repica una campana,
y tus labios un tanto acelerados
buscarán a los labios de tu amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/10/09
los hayedos que duermen en sus ramas,
con los robles preciosos que conozco
y sus hojas tan tiernas y doradas.
Es difícil sentir tanta belleza
entre el verde fragor que allí se escapa,
cuando sientes la fibra misteriosa
de la brisa en la tarde que se marcha.
Buscaré ese musgo junto la río,
entre el blanco correr de la cascada,
y la flor que perdida bajo el chopo
deja un broche sutil y de esperanza.
Hay un tilo que aguarda en el camino
para darme su sombra tan ansiada,
donde puede que vea al cervatillo
escapar a las zonas de montaña.
Quiero paz y embriagarme de la vida
y beber de ese río con sus aguas,
mientras siento el latido presuroso
de la fuente que surge de la nada.
Yo viví primaveras cantarinas
con el sol adorando tantas plantas,
elevando su tono de hermosura
y sintiendo el candor que me embriagaba.
Pero si algo faltaba en ese cuadro,
el verano llegaba con sus alas,
con su azul y su luz tan primorosa,
y ese algo que toca nuestras almas.
Ahora llega esta época distinta,
el otoño con sienes plateadas,
que despoja muy lento sus vestidos
y a las ramas las deja sin sus galas.
Pero tú, soñador empedernido,
el poeta que escribe en las mañanas,
soñarás con el bosque en el otoño,
mientras sientes la brisa que te llama.
Y la brisa de octubre que te llega
su caricia te deja alborozada,
con un eco paciente que repite
de otro pecho que grita que te ama.
Al final, cerrarás tus ojos verdes,
sentirás que repica una campana,
y tus labios un tanto acelerados
buscarán a los labios de tu amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/10/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario