viernes, 16 de octubre de 2009

NORDESTE

Hay un viento que llega y que me abraza
y me da con sus besos mil caricias,
es el viento llamado del nordeste
y que sopla muy fuerte con su brisa.

Ese viento, invisible en la mañana,
al subir la marea cobra vida,
es quien riza las olas de los mares
y también el que agita la bahía.

A su paso los cuerpos se estremecen,
es un frío que llega a la barbilla,
y que baja por piernas y por manos,
y hasta el alma que duerme ya la agita.

Luce el sol en la tarde del otoño,
pero el fiero nordeste tiene prisa,
va buscando los barcos en el puerto,
fondeados y atados que dormitan.

Deja el viento ese beso tan ansiado,
en la piel de los hombres que se eriza,
suenan puertas latiendo fuertemente,
y las hojas del parque se marchitan.

Este viento que azota nuestras costas
lo conocen muy bien en nuestra Villa,
es un aire tan fresco y tan helado
que hasta el sol estremece su sonrisa.

Saben bien del nordeste los marinos,
con sus pieles tostadas y curtidas,
y también saben bien de sus efectos,
esas rosas granates y amarillas.

Al final con sus pétalos ajados
el nordeste las vence y las conquista,
y esas rosas nacidas para el hombre
quedarán reducidas a ceniza.

El nordeste es un viejo compañero,
es la voz silenciosa que nos grita,
un susurro que llega vacilante,
que estremece las almas más tranquilas.

Yo te escribo nordeste de mis sueños,
compañero en la infancia tan querida,
tu has venido conmigo desde niño,
y te irás en la tarde que termina.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/10/09

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