No me esperes en el monte
con tu cara gris y blanca,
ya te veo espesa niebla
con tus alas desplegadas.
Besas riscos y peñascos,
mientras llevas la nostalgia,
a otro pecho entristecido
que no sabe de distancias.
Sin embargo sientes frío,
cubres pronto a las cabañas
y desciendes por los prados
con tus barbas y tus canas.
No me esperes en el monte
mientras bajas la montaña,
con las gotas tan traviesa
que nos mojan y nos calan.
Cruzas ríos y canales,
tapas sombras alargadas,
y ese blanco hecho jirones
lo retienes en tu alma.
Tiritando, te estremeces,
sin saber muy bien la causa,
tienes frío y tienes hambre
Sólo entregas hoy tus lágrimas.
No me esperes en el monte
pues te espero yo en mi casa,
ven aqui con tu tristeza
ya la guardo yo en la cama.
Mas la niebla escribe al cielo,
con sus letras bien formadas,
le dibuja algarabías
en las nubes que desgrana.
Hay un halo de locura,
es un ángel que ahora pasa,
y que busca en el silencio
a la niebla que descansa.
No me esperes en el cielo
yo musito, sin palabras,
a la niebla que me cubre,
que me besa y que me ama.
Y la niebla me responde
con las nubes que me abrazan,
tengo sueño y me estremezco,
tú me aneas y me cantas.
Yo quisiera ver la niebla,
superar su telaraña,
y dormir en su regazo
con mis sueños y mi amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/10/09
con tu cara gris y blanca,
ya te veo espesa niebla
con tus alas desplegadas.
Besas riscos y peñascos,
mientras llevas la nostalgia,
a otro pecho entristecido
que no sabe de distancias.
Sin embargo sientes frío,
cubres pronto a las cabañas
y desciendes por los prados
con tus barbas y tus canas.
No me esperes en el monte
mientras bajas la montaña,
con las gotas tan traviesa
que nos mojan y nos calan.
Cruzas ríos y canales,
tapas sombras alargadas,
y ese blanco hecho jirones
lo retienes en tu alma.
Tiritando, te estremeces,
sin saber muy bien la causa,
tienes frío y tienes hambre
Sólo entregas hoy tus lágrimas.
No me esperes en el monte
pues te espero yo en mi casa,
ven aqui con tu tristeza
ya la guardo yo en la cama.
Mas la niebla escribe al cielo,
con sus letras bien formadas,
le dibuja algarabías
en las nubes que desgrana.
Hay un halo de locura,
es un ángel que ahora pasa,
y que busca en el silencio
a la niebla que descansa.
No me esperes en el cielo
yo musito, sin palabras,
a la niebla que me cubre,
que me besa y que me ama.
Y la niebla me responde
con las nubes que me abrazan,
tengo sueño y me estremezco,
tú me aneas y me cantas.
Yo quisiera ver la niebla,
superar su telaraña,
y dormir en su regazo
con mis sueños y mi amada.
Rafael Sánchez Ortega ©
11/10/09

No hay comentarios:
Publicar un comentario