Yo te vi mirando al cielo
buscando la rosa blanca,
la buscabas en la noche
mientras tu cuerpo temblaba.
Eras joven, bella niña,
con tu cuerpo de gitana,
con la mezcla de sirena
que extendías por la playa.
Unas olas en la noche
a tu lado se bañaban,
te dejaban mil susurros,
al compás de la resaca.
Tu elevabas hacia el cielo
ese azul de tu mirada,
esos ojos tan bonitos
con su vida y con su gracia.
Y buscabas silenciosa
esa rosa tan temprana,
esa rosa limpia y pura
con el beso que llevaba.
Era un beso diferente,
lo sabías en tu alma,
que tenía en ese soplo
el candor de unas palabras.
Y la rosa que en el cielo,
tan coqueta te esquivaba,
escuchaba a las estrellas
sus historias centenarias.
Eran cuentos y leyendas,
eran sátiras y fábulas,
eran lindas margaritas,
mariposas encantadas.
Nuestra rosa soñadora
no sabía que la amaban,
ni esperaba la sonrisa
de otra rosa limpia y clara.
Yo te vi mirando al cielo
y la lágrima en tu cara,
al dudar de que esta rosa
a tu lado no llegara.
Pero todo fue un mal sueño,
una duda en la distancia,
una niebla que impedía
ver la rosa pura y casta.
Y allí estaba, bella niña,
esa rosa tan ansiada,
esa rosa de los vientos
que una mano te cortara.
Y hacia el cielo te volviste
susurrando "muchas gracias",
y un temblor de tus pupilas
dejó el agua en tus pestañas.
Pero el agua que ahora brota,
no es la lágrima salada,
es el grito contenido
que se ahogaba en la garganta.
Es el beso de unos labios,
es la mano que buscabas,
es la rosa de tus sueños,
que a ti viene y que te ama.
Rafael Sánchez Ortega ©
13/10/09
buscando la rosa blanca,
la buscabas en la noche
mientras tu cuerpo temblaba.
Eras joven, bella niña,
con tu cuerpo de gitana,
con la mezcla de sirena
que extendías por la playa.
Unas olas en la noche
a tu lado se bañaban,
te dejaban mil susurros,
al compás de la resaca.
Tu elevabas hacia el cielo
ese azul de tu mirada,
esos ojos tan bonitos
con su vida y con su gracia.
Y buscabas silenciosa
esa rosa tan temprana,
esa rosa limpia y pura
con el beso que llevaba.
Era un beso diferente,
lo sabías en tu alma,
que tenía en ese soplo
el candor de unas palabras.
Y la rosa que en el cielo,
tan coqueta te esquivaba,
escuchaba a las estrellas
sus historias centenarias.
Eran cuentos y leyendas,
eran sátiras y fábulas,
eran lindas margaritas,
mariposas encantadas.
Nuestra rosa soñadora
no sabía que la amaban,
ni esperaba la sonrisa
de otra rosa limpia y clara.
Yo te vi mirando al cielo
y la lágrima en tu cara,
al dudar de que esta rosa
a tu lado no llegara.
Pero todo fue un mal sueño,
una duda en la distancia,
una niebla que impedía
ver la rosa pura y casta.
Y allí estaba, bella niña,
esa rosa tan ansiada,
esa rosa de los vientos
que una mano te cortara.
Y hacia el cielo te volviste
susurrando "muchas gracias",
y un temblor de tus pupilas
dejó el agua en tus pestañas.
Pero el agua que ahora brota,
no es la lágrima salada,
es el grito contenido
que se ahogaba en la garganta.
Es el beso de unos labios,
es la mano que buscabas,
es la rosa de tus sueños,
que a ti viene y que te ama.
Rafael Sánchez Ortega ©
13/10/09

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