Yo te vi con estos ojos
y te di la despedida,
ya sabía de tu estado,
y ese mal que padecías.
Me sentí triste, de pronto,
te ofrecí unas margaritas,
las tomaste con los dedos
de esas manos tan bonitas.
Y tus labios las besaron
y me dieron tu sonrisa,
y una lágrima traidora
resbaló por tu mejilla.
Yo sequé tu linda cara
de la perla tan chiquita,
que escapada de tus ojos
fue a juntarse con la mía.
Yo te vi en aquella tarde
con tu cara dulce y fina,
y los ojos relucientes
de la fiebre que tenías.
Te pedí que te acostaras,
te pusiste la toquilla,
recostando la cabeza
y quedándote dormida.
Me quedé cerca, muy cerca,
a pesar que no entendía,
como Dios, con ser tan justo
no te daba su caricia.
Eras buena y generosa,
yo diría que sencilla,
soportanto sin desmayo
tus labores cada día.
Sin embargo tu maleta
ya tenías recogida,
mucho antes que llegara,
a tu lado en esa cita.
Y por eso tú quisiste
encontrarme con la brisa,
para darme el dulce beso
y anunciarme tu partida.
Te marchabas de mi lado,
me llevabas la cuartilla,
con tu pelo tan castaño
y una luz en tu pupila.
Eras sangre de mi sangre,
eras vida que me grita,
yo lloré pidiendo al cielo
la clemencia tan querida.
Despertaste muy cansada
y silencio me pedías,
con un dedo entre mis labios
y mi mano en tu rodilla.
No quería yo perderte,
eras nave y mi barquilla,
eras dueña de mis sueños
que a mi lado compartías.
Yo sentí que te marchabas
a la nube blanquecina,
a esperarme en esos cielos
entre estrellas que titilan.
Y quedé solo en la tierra,
con tu mano entre las mías,
con tu pecho silencioso,
con el mío que palpita.
Tú me diste tu silencio,
yo tomé tu valentía,
recordando tus palabras
de esa cara menudita.
Y marché con tu recuerdo
a rezar a la Capìlla,
una Salve por nosotros,
por tu alma tan bendita.
Fuiste madre y fuiste amante,
tú formaste mi familia,
y al marchar, contigo marcho,
aunque quede en esta vida.
Rafael Sánchez Ortega ©
29/09/09
y te di la despedida,
ya sabía de tu estado,
y ese mal que padecías.
Me sentí triste, de pronto,
te ofrecí unas margaritas,
las tomaste con los dedos
de esas manos tan bonitas.
Y tus labios las besaron
y me dieron tu sonrisa,
y una lágrima traidora
resbaló por tu mejilla.
Yo sequé tu linda cara
de la perla tan chiquita,
que escapada de tus ojos
fue a juntarse con la mía.
Yo te vi en aquella tarde
con tu cara dulce y fina,
y los ojos relucientes
de la fiebre que tenías.
Te pedí que te acostaras,
te pusiste la toquilla,
recostando la cabeza
y quedándote dormida.
Me quedé cerca, muy cerca,
a pesar que no entendía,
como Dios, con ser tan justo
no te daba su caricia.
Eras buena y generosa,
yo diría que sencilla,
soportanto sin desmayo
tus labores cada día.
Sin embargo tu maleta
ya tenías recogida,
mucho antes que llegara,
a tu lado en esa cita.
Y por eso tú quisiste
encontrarme con la brisa,
para darme el dulce beso
y anunciarme tu partida.
Te marchabas de mi lado,
me llevabas la cuartilla,
con tu pelo tan castaño
y una luz en tu pupila.
Eras sangre de mi sangre,
eras vida que me grita,
yo lloré pidiendo al cielo
la clemencia tan querida.
Despertaste muy cansada
y silencio me pedías,
con un dedo entre mis labios
y mi mano en tu rodilla.
No quería yo perderte,
eras nave y mi barquilla,
eras dueña de mis sueños
que a mi lado compartías.
Yo sentí que te marchabas
a la nube blanquecina,
a esperarme en esos cielos
entre estrellas que titilan.
Y quedé solo en la tierra,
con tu mano entre las mías,
con tu pecho silencioso,
con el mío que palpita.
Tú me diste tu silencio,
yo tomé tu valentía,
recordando tus palabras
de esa cara menudita.
Y marché con tu recuerdo
a rezar a la Capìlla,
una Salve por nosotros,
por tu alma tan bendita.
Fuiste madre y fuiste amante,
tú formaste mi familia,
y al marchar, contigo marcho,
aunque quede en esta vida.
Rafael Sánchez Ortega ©
29/09/09

2 comentarios:
Es muy triste Rafael, sin palabras...
Un abrazo y un beso
Gracias Amy.
Un abrazo y un beso también para ti.
Publicar un comentario