lunes, 7 de septiembre de 2009

MANDÉ MIS VERSOS AL VIENTO...


Al viento mandé mis versos
con un nombre entre sus letras,
era un susurro velado
que corría por mis venas.

Era la voz que clamaba,
la que soñaba despierta,
la que movía mis dedos
con esta pluma traviesa.

También le mandé otros versos
con la gaviota coqueta,
al nordeste y a la brisa
que estremece y que nos quema.

Y la brisa sorprendida
hinchó pronto aquellas velas,
la de naves y balandros
con su nombre en la cubierta.

Seguí escribiendo más versos
para ese viento que llega,
con besos para sus labios
y mi sonrisa sincera.

Y los labios seductores,
con un temblor ya me besan,
mientras yo beso los suyos
con ese anhelo que esperan.

Pero los versos desbordan,
los vientos llenan libretas,
y marchan ya hacia su lado
y van formando poemas.

y van surgiendo romances,
y van pasando cometas,
mientras su nombre yo escribo
en soledad, sin tristeza...

...¡Ay versos aquí nacidos,
versos de mar y de arena!,
yo quiero lleveis el nombre
de quien yo quiero en la tierra.

Y quiero que lo griteis,
que todo el mundo lo sepa,
y que el sonido del viento,
diga su nombre de veras.

¡Ay versos de mis cantares
que el viento toma y se lleva!
llevad mis letras muy lejos
con el salitre y marea.

Llevadlas por esos mares,
tras esas olas traviesas,
que escriban pronto su nombre
entre la espuma y salmuera.

Llevad mis versos al cielo,
subidlos a las estrellas,
que allí grabarán su nombre
en esta noche serena.

¡Ay viento, querido viento,
con versos de mi cosecha!,
llevad mi amor a su lado
dejadme a mi que la quiera.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/09/09

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