Cuando rozo su cuerpo y se estremece,
un volcán en mi cuerpo ya se inflama,
es su pìel en mis dedos la que vibra
la que agita mi sangre con su lava.
Y el volcán con eternas fumarolas,
funde el hielo y la nieve en las montañas,
su calor dá calor a nuestros cuerpos,
y hasta el hielo se funde con las aguas.
Hay simbiosis de lava derretida
arrasando las tierras cultivadas,
hay calor en los cuerpos que suspiran,
y pasión en los sexos que se aman.
Una brisa se mezcla con el aire,
un olor de la carne perfumada,
una mezcla de lirios y violetas,
y la dulce saliva entre sus nalgas.
Fantasías de amores y misterios,
y un volcán en la noche deseada,
hay jadeos y gritos reprimidos
y el placer se desborda por la cama.
El volcán ya se inflama por el cráter
y la lava penetra en su garganta,
hay latidos que salen de su pecho,
es la sangre que corre desbocada.
Y se inicia ese dulce movimiento,
en los cuerpos unidos que se aman,
y se excitan sin pausa los sentidos,
alcanzando el momento en que se estalla.
Más despacio, le dices en silencio,
a las manos que excitan tus entrañas,
más deprisa le dices a los labios,
que estimulan y besan por tu cara.
Y al volcán que te llega en esta noche,
tú le pides que sacie sin tardanza,
esa piel tan fecunda de unos senos,
con la lava y el beso que reclaman.
Ya descansan los cuerpos de su lucha,
tras gozar con la lava tan ansiada,
tras unir con la misma sus pasiones,
y alcanzar los deseos de sus almas.
Tiemblan cuerpos que yacen muy desnudos,
el volcán tras la lucha ya se apaga,
un cigarro se enciende en la penumbra
y descansan dos almas ya saciadas.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/09/06
un volcán en mi cuerpo ya se inflama,
es su pìel en mis dedos la que vibra
la que agita mi sangre con su lava.
Y el volcán con eternas fumarolas,
funde el hielo y la nieve en las montañas,
su calor dá calor a nuestros cuerpos,
y hasta el hielo se funde con las aguas.
Hay simbiosis de lava derretida
arrasando las tierras cultivadas,
hay calor en los cuerpos que suspiran,
y pasión en los sexos que se aman.
Una brisa se mezcla con el aire,
un olor de la carne perfumada,
una mezcla de lirios y violetas,
y la dulce saliva entre sus nalgas.
Fantasías de amores y misterios,
y un volcán en la noche deseada,
hay jadeos y gritos reprimidos
y el placer se desborda por la cama.
El volcán ya se inflama por el cráter
y la lava penetra en su garganta,
hay latidos que salen de su pecho,
es la sangre que corre desbocada.
Y se inicia ese dulce movimiento,
en los cuerpos unidos que se aman,
y se excitan sin pausa los sentidos,
alcanzando el momento en que se estalla.
Más despacio, le dices en silencio,
a las manos que excitan tus entrañas,
más deprisa le dices a los labios,
que estimulan y besan por tu cara.
Y al volcán que te llega en esta noche,
tú le pides que sacie sin tardanza,
esa piel tan fecunda de unos senos,
con la lava y el beso que reclaman.
Ya descansan los cuerpos de su lucha,
tras gozar con la lava tan ansiada,
tras unir con la misma sus pasiones,
y alcanzar los deseos de sus almas.
Tiemblan cuerpos que yacen muy desnudos,
el volcán tras la lucha ya se apaga,
un cigarro se enciende en la penumbra
y descansan dos almas ya saciadas.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/09/06

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