miércoles, 19 de agosto de 2009

YO SUPE QUE VENÍAS CON LA NIEBLA

Yo supe que venías con la niebla
al sentir levemente tus pisadas,
entonces, levantando aquellas brumas,
te busqué por el ancho de la plaza.

Y entendí que la brisa que corría
me daría el reflejo de tu cara,
con la dulce sonrisa temblorosa
y ese pelo que baja por tu espalda.

Un suspiro del roble sorprendido
contagió las encinas y las hayas,
y la mano del mago de los sueños
convirtió aquel bosque en tu morada.

Una mano valiente y decidida
recogió a mis dedos que temblaban,
unos ojos miraron a mis ojos
y mis labios dijeron que te amaba.

Me sentí como un niño pequeñito,
entregado a soñar por una causa,
a buscar tras las brumas y la niebla
el mensaje de amor y de esperanza.

Yo sabía que estaba entre la niebla
esa cara tan bella de gitana,
ese sueño de luz y algarabía,
con el tierno rasgueo de guitarra.

Unas notas llegaron a mi pecho
con el viento paciente que soplaba,
y formaron allí la melodía,
para un baile sin prisas y sin pausas.

Era un baile surgido entre la niebla,
dos figuras amantes con sus almas,
yo tomé con mis manos a tu talle
tú las tuyas pusistes en mi espalda.

Y se amaron dos niños con la niebla,
y los cuerpos ardientes se abrazaban,
entre el canto temprano de las aves
y un sonido lejano de campanas.

Un suspiro recorre la pradera,
ya la niebla despacio se desplaza,
sólo deja esa bella melodía,
que melosa y paciente nos abraza.

Rafael Sánchez Ortega ©
18/08/09

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