Yo supe que venías con la niebla
al sentir levemente tus pisadas,
entonces, levantando aquellas brumas,
te busqué por el ancho de la plaza.
Y entendí que la brisa que corría
me daría el reflejo de tu cara,
con la dulce sonrisa temblorosa
y ese pelo que baja por tu espalda.
Un suspiro del roble sorprendido
contagió las encinas y las hayas,
y la mano del mago de los sueños
convirtió aquel bosque en tu morada.
Una mano valiente y decidida
recogió a mis dedos que temblaban,
unos ojos miraron a mis ojos
y mis labios dijeron que te amaba.
Me sentí como un niño pequeñito,
entregado a soñar por una causa,
a buscar tras las brumas y la niebla
el mensaje de amor y de esperanza.
Yo sabía que estaba entre la niebla
esa cara tan bella de gitana,
ese sueño de luz y algarabía,
con el tierno rasgueo de guitarra.
Unas notas llegaron a mi pecho
con el viento paciente que soplaba,
y formaron allí la melodía,
para un baile sin prisas y sin pausas.
Era un baile surgido entre la niebla,
dos figuras amantes con sus almas,
yo tomé con mis manos a tu talle
tú las tuyas pusistes en mi espalda.
Y se amaron dos niños con la niebla,
y los cuerpos ardientes se abrazaban,
entre el canto temprano de las aves
y un sonido lejano de campanas.
Un suspiro recorre la pradera,
ya la niebla despacio se desplaza,
sólo deja esa bella melodía,
que melosa y paciente nos abraza.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/08/09
al sentir levemente tus pisadas,
entonces, levantando aquellas brumas,
te busqué por el ancho de la plaza.
Y entendí que la brisa que corría
me daría el reflejo de tu cara,
con la dulce sonrisa temblorosa
y ese pelo que baja por tu espalda.
Un suspiro del roble sorprendido
contagió las encinas y las hayas,
y la mano del mago de los sueños
convirtió aquel bosque en tu morada.
Una mano valiente y decidida
recogió a mis dedos que temblaban,
unos ojos miraron a mis ojos
y mis labios dijeron que te amaba.
Me sentí como un niño pequeñito,
entregado a soñar por una causa,
a buscar tras las brumas y la niebla
el mensaje de amor y de esperanza.
Yo sabía que estaba entre la niebla
esa cara tan bella de gitana,
ese sueño de luz y algarabía,
con el tierno rasgueo de guitarra.
Unas notas llegaron a mi pecho
con el viento paciente que soplaba,
y formaron allí la melodía,
para un baile sin prisas y sin pausas.
Era un baile surgido entre la niebla,
dos figuras amantes con sus almas,
yo tomé con mis manos a tu talle
tú las tuyas pusistes en mi espalda.
Y se amaron dos niños con la niebla,
y los cuerpos ardientes se abrazaban,
entre el canto temprano de las aves
y un sonido lejano de campanas.
Un suspiro recorre la pradera,
ya la niebla despacio se desplaza,
sólo deja esa bella melodía,
que melosa y paciente nos abraza.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/08/09

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