Miré tus ojos de color del ámbar
y vi tras ellos un precioso cielo,
miré tus ojos que hechizaban solos
y suspirando me enamoré de ellos.
Y en esos ojos me ofreciste un lago
pudiendo ver en ellos tu reflejo
el de ese corazón que tanto amaba
y que dejaba en él un dulce beso.
También en ellos contemplé la lava
de ese volcán ardiente de tu pecho,
y hasta sentí tus labios tan vibrantes,
buscar los labios míos con su fuego.
Miré tus ojos de color del ámbar
para observar el verde tan violento,
con el galope firme e incesante,
el de ese mar viniendo de muy lejos.
Pero en el mar plagado de hermosura
yo contemplé tus ojos y el misterio,
ese temblor llegando a tus pestañas,
ese ondular el viento tu cabello.
Entonces comprendí cuanto se ama
mirando entre tus ojos tan serenos
en ese faro que palpita y luce
mandando melodías al silencio.
Miré tus ojos del color del ámbar
y pude ver en ellos tanto celo,
tanta pasión ferviente contenida
y tanto amor mezclado con deseo.
Y no me contenté con la mirada,
ni pude retener lo que yo siento,
así que me mezclé entre tus ojos
para fundirme en ellos con mi anhelo.
Por fin me adormecí con tu mirada,
con esos ojos del amor eterno,
y me quedé sumido entre las sombras
con tu mirada, en un profundo sueño.
Miré tus ojos de color del ámbar
y vi tras ellos el azul del cielo,
miré tus ojos corazón amado
y de su fondo, recogí estos versos.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/08/09
y vi tras ellos un precioso cielo,
miré tus ojos que hechizaban solos
y suspirando me enamoré de ellos.
Y en esos ojos me ofreciste un lago
pudiendo ver en ellos tu reflejo
el de ese corazón que tanto amaba
y que dejaba en él un dulce beso.
También en ellos contemplé la lava
de ese volcán ardiente de tu pecho,
y hasta sentí tus labios tan vibrantes,
buscar los labios míos con su fuego.
Miré tus ojos de color del ámbar
para observar el verde tan violento,
con el galope firme e incesante,
el de ese mar viniendo de muy lejos.
Pero en el mar plagado de hermosura
yo contemplé tus ojos y el misterio,
ese temblor llegando a tus pestañas,
ese ondular el viento tu cabello.
Entonces comprendí cuanto se ama
mirando entre tus ojos tan serenos
en ese faro que palpita y luce
mandando melodías al silencio.
Miré tus ojos del color del ámbar
y pude ver en ellos tanto celo,
tanta pasión ferviente contenida
y tanto amor mezclado con deseo.
Y no me contenté con la mirada,
ni pude retener lo que yo siento,
así que me mezclé entre tus ojos
para fundirme en ellos con mi anhelo.
Por fin me adormecí con tu mirada,
con esos ojos del amor eterno,
y me quedé sumido entre las sombras
con tu mirada, en un profundo sueño.
Miré tus ojos de color del ámbar
y vi tras ellos el azul del cielo,
miré tus ojos corazón amado
y de su fondo, recogí estos versos.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/08/09

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