Pude querer amar y ser amado
y pude disfrutar de tu alegría,
yo fui feliz, no tengo que negarlo,
y hasta sentí el latido de la vida.
Pude querer de modo enfebrecido
y hasta sentír los nervios por la prisa,
pero ¡querer, querer!... Tal como grito
quizás fue una ilusión ó fantasía.
Un día yo te vi en aquel paseo
y el mismo conocí la voz tan linda
el paso sin igual, siempre sereno,
y aquel labio feliz, con tu sonrisa.
Entonces corazón me diste el alma,
un alma juvenil, siempre sencilla,
y entonces comprendí cómo se ama
luchando corazón, día tras día.
Luchando con pasión en esta tierra,
moviendo el corázón la sangre hervida,
la lava del volcán que surge nueva
marchando hacia ese mar, junto a la orilla.
No temas corazón, no tengas dudas,
amaste sin dudar junto a la brisa,
y un cuerpo singular, bajo la luna
dejó con ese amor, la flor tan linda.
Pude querer amar fervientemente,
y así sentir amor, tanta delicia,
la bella sensación días y meses,
y el cáliz del amor que me ofrecías.
Por eso miro atrás en esta tarde
y siento que yo amé, y amé deprisa;
amé tu corazón y amó mi sangre,
sintiendo allí el amor con tus caricias.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/08/09
y pude disfrutar de tu alegría,
yo fui feliz, no tengo que negarlo,
y hasta sentí el latido de la vida.
Pude querer de modo enfebrecido
y hasta sentír los nervios por la prisa,
pero ¡querer, querer!... Tal como grito
quizás fue una ilusión ó fantasía.
Un día yo te vi en aquel paseo
y el mismo conocí la voz tan linda
el paso sin igual, siempre sereno,
y aquel labio feliz, con tu sonrisa.
Entonces corazón me diste el alma,
un alma juvenil, siempre sencilla,
y entonces comprendí cómo se ama
luchando corazón, día tras día.
Luchando con pasión en esta tierra,
moviendo el corázón la sangre hervida,
la lava del volcán que surge nueva
marchando hacia ese mar, junto a la orilla.
No temas corazón, no tengas dudas,
amaste sin dudar junto a la brisa,
y un cuerpo singular, bajo la luna
dejó con ese amor, la flor tan linda.
Pude querer amar fervientemente,
y así sentir amor, tanta delicia,
la bella sensación días y meses,
y el cáliz del amor que me ofrecías.
Por eso miro atrás en esta tarde
y siento que yo amé, y amé deprisa;
amé tu corazón y amó mi sangre,
sintiendo allí el amor con tus caricias.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/08/09

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