viernes, 21 de agosto de 2009

NUNCA ENTENDÍ MUY BIEN QUE ME DEJARAS...


Nunca entendí muy bien que me dejaras,
sangrando y, con el pecho malherido;
marchaste hasta las tierras sin frontera
en busca de lejanos paraísos.

Marchaste sin maleta ni equipaje,
saliste con apenas un vestido,
llevabas tu melena recogida
tratando de encontrarte en el destino.

Y así te vi, partiendo de mi lado,
y me quedé de pronto entristecido,
me preguntaba amor, por qué te ibas,
y hasta lloré de pena como un niño.

Pero al final no quise las respuestas,
a todas condené en el olvido,
yo quise conservar ese recuerdo,
el del amor mostrando tu cariño.

Habíamos librado mil batallas,
estaba yo en la tierra ya vencido,
volaban por el cielo las palomas,
salían de mi alma los suspiros.

Por eso no entendí que te marcharas
quedando tras tu marcha entristecido,
y tuve que buscar en las estrellas
el faro que guíara con su brillo.

Un día me escribistes unas letras,
mandabas con las mismas aquel libro,
un libro de poemas y de versos,
el libro que tú habías concebido.

Entonces comprendí que en esos versos
había otro poema más, escrito,
los versos de tu vida reflejados,
los gritos de tu pecho estremecido.

¡Ay bello corazón, cuánto te añoro!,
añoro ese tic-tac con ese rítmo,
añoro tu cariño con los besos
y añoro de tu pecho sus latidos.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/08/09

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