jueves, 20 de agosto de 2009

UN VIENTO MUEVE LAS NUBES

Un viento mueve las nubes
que pasan de blanco a negras,
se oyen quejidos rasgados
que anuncian ya la tormenta.

Los campesinos detienen
el recoger las cosechas,
vuelven al pueblo de prisa
para cubrir sus cabezas.

Miran al cielo despacio,
lavan sus manos de tierra,
salen después de sus casas
para buscar la taberna.

Allí tendrán las barajas,
la flor, el mus, la pedrea,
y un dominó siempre a punto
en las partidas que esperan.

Afuera llegan las nubes,
dejan la lluvia con fuerza,
se forman charcos de barro,
las calles, de agua, se ciegan.

Un marinero en su barco
recoge pronto las cuerdas,
alza mayor y mesana,
poniendo popa a su pesca.

Hay un aviso en las nubes
que anuncia fiera galerna,
hay que volver para el puerto
antes que el mar se embravezca.

Rugen de pronto los mares,
hacen callar las sirenas,
el fuerte viento sacude
mientras se rasgan las velas.

Al fin con rumbo doliente
llega a la barra maltrecha,
la embarcación y el marino
sin conseguir la faena.

Las nubes pasan y pasan
con vestimentas muy feas,
pasan por campos mojados
y entre las olas hambrientas.

Hay en el pueblo una calma
con esta lluvia que llega,
con esta lluvia y sus besos
y la tormenta viajera.

Pasan los días de estío,
llegan las tardes de fiesta,
hay romería en los pueblos
llueve en la plaza desierta.

Un campesino se junta
al marinero en la tienda,
sacan dos vasos de vino,
abren por fin la botella.

Beben y beben sin prisa,
y sus historias se cuentan,
mientras la lluvia remite
y la tormenta se aleja.

Un viento mueve las nubes,
gimiendo la sementera,
la brisa del mar suspira
y la galerna se acuesta.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/08/09

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