martes, 4 de agosto de 2009

UNA SOMBRA CORTÓ CON SU CUCHILLO

Una sombra cortó con su cuchillo
aquel hilo de vida ilusionado,
y quedó palpitando en el vacío
un proyecto de vida en ese daño.

Se acabaron los sueños y promesas,
a cumplir en los meses del verano,
de una vida pensada en el futuro
con momentos queridos y añorados.

Se acabaron las fiestas y las juergas
y los largos paseos solitarios,
se cortaron los tallos de la espiga
sin poder ni siquiera el evitarlo.

Fue un segundo cruel, casi un instante,
un desliz en la roca de la mano,
fue caer al vacío simplemente
y quedar con el cuerpo magullado.

Luego sombras oscuras y silencio,
soledad de recuerdos olvidados,
no sabiendo si el tiempo se paraba
o si el tren caminaba hacia el ocaso.

Muchos días vividos al segundo
sin saber el suceso de este caso,
la memoria perdida, estaba ausente,
y el vacío era el signo del pasado.

Una bruma empañaba las pestañas
y los ojos ausentes de aquel faro,
se mostraban inquietos y distantes
contemplando un inmóvil calendario.

Una nota fundida del silencio
se quedó suspendida de sus labios,
y un suspiro con lágrima traidora
en los cielos buscaron a los astros.

Yo sé bien las grandezas de la vida
y también las miserias y rosarios,
unos seres escalan las montañas
y otros caen fulminados por los rayos.

Lo terrible del drama y la tragedia
es mirar al espejo tan dorado,
el que dá la respuesta a nuestra vida
y nos baja a la tierra, como humanos.

Compadezco a los hombres que así sufren
y no sé lo que hiciera yo en su caso,
sólo puedo rezar en este día
y mandar con mis versos un abrazo.

Rafael Sánchez Ortega ©
03/08/09

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