Las palabras quedaron en silencio
olvidadas en labios temblorosos,
una niebla nacía en la laguna
que llegaba sin prisa hasta nosotros.
Fue una noche de juerga y fantasía,
las bebidas del néctar delicioso,
y la música suave de la orquesta
la que hizo el milagro ante tus ojos.
Tú me diste la prenda más preciada,
el regalo de un beso candoroso,
yo te di un abrazo y mil caricias,
con un beso surgido sin antojo.
Nos quedamos callando y escuchando
el silencio impaciente de los locos,
con los búhos que salen en la noche
y que velan pacientes tras los focos.
Ellos viven ajenos a este mundo
en la noche de negro suntuoso,
donde moran las sombras y tinieblas
escuchando el desfile de los cojos.
Hay un halo que escapa en esta noche
es un grito insistente y sin acoso,
es la dulce y la plena melodía
que nos llena de paz y de alborozo.
Las campanas resuenan en el alma,
aunque arriba, en la iglesia están de adorno,
no hace falta el repique de las mismas
ya se sienten las lágrimas y el lloro.
En los cielos ya cantan las estrellas,
y hasta vemos pasar un meteoro,
un cometa perdido que saluda,
y nos dice que sí, que es por nosotros.
Se quedaron sin habla las palabras
y sellamos los labios muy modosos,
con un beso surgido, sin pensarlo,
en la noche templada de un agosto.
Y al final, como siempre, aquel suspiro
fue el sonido que vino tembloroso,
a dejar el mensaje sin palabras,
aliviando a dos pechos con su robo.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/08/09
olvidadas en labios temblorosos,
una niebla nacía en la laguna
que llegaba sin prisa hasta nosotros.
Fue una noche de juerga y fantasía,
las bebidas del néctar delicioso,
y la música suave de la orquesta
la que hizo el milagro ante tus ojos.
Tú me diste la prenda más preciada,
el regalo de un beso candoroso,
yo te di un abrazo y mil caricias,
con un beso surgido sin antojo.
Nos quedamos callando y escuchando
el silencio impaciente de los locos,
con los búhos que salen en la noche
y que velan pacientes tras los focos.
Ellos viven ajenos a este mundo
en la noche de negro suntuoso,
donde moran las sombras y tinieblas
escuchando el desfile de los cojos.
Hay un halo que escapa en esta noche
es un grito insistente y sin acoso,
es la dulce y la plena melodía
que nos llena de paz y de alborozo.
Las campanas resuenan en el alma,
aunque arriba, en la iglesia están de adorno,
no hace falta el repique de las mismas
ya se sienten las lágrimas y el lloro.
En los cielos ya cantan las estrellas,
y hasta vemos pasar un meteoro,
un cometa perdido que saluda,
y nos dice que sí, que es por nosotros.
Se quedaron sin habla las palabras
y sellamos los labios muy modosos,
con un beso surgido, sin pensarlo,
en la noche templada de un agosto.
Y al final, como siempre, aquel suspiro
fue el sonido que vino tembloroso,
a dejar el mensaje sin palabras,
aliviando a dos pechos con su robo.
Rafael Sánchez Ortega ©
02/08/09

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