Como un soplo de amor, besa tu frente,
la brisa de una tarde de verano,
yo te miré y noté tus ojos tristes
y vi también los surcos de tus labios.
Tus dedos temblorosos los rozaban
y yo sentí ese roce tan ansiado,
ese sudor tan frío de tu frente,
ese latir de un pecho sin descanso.
Tenías la mirada muy ausente
buscando entre las aguas de aquel lago,
quizás esa sonrisa que has perdido,
quizás el beso dulce tan amado.
Yo te miraba, quieto y en silencio,
admirando a la Venus en un marco,
con mis sueños buscaba a la Afrodita
y a la madre celeste de los astros.
Por eso yo te vi con esa brisa,
con el viento feroz y endemoniado,
y te vi suspirando en la mañana
y buscar a las aves con su canto.
Ese soplo de brisa te confunde
al sentir sentimientos encontrados,
por un lado te mima y acaricia
y por otro es un aire muy helado.
Y de pronto te quedas pensativa
en tus ojos se nota gran cansancio,
una sombra recorre tus pestañas
una nube con timbre plateado.
Puede ser que las luces ya se apaguen
al marchar una vida hacia el ocaso,
y también que las almas se marchiten
y que vuelen los pétalos robados.
Sin embargo ese soplo tan sereno,
es la brisa que lleva mi regalo,
es un beso que mando hasta tu frente
y te dice mi amor, cuanto te amo.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/07/09
la brisa de una tarde de verano,
yo te miré y noté tus ojos tristes
y vi también los surcos de tus labios.
Tus dedos temblorosos los rozaban
y yo sentí ese roce tan ansiado,
ese sudor tan frío de tu frente,
ese latir de un pecho sin descanso.
Tenías la mirada muy ausente
buscando entre las aguas de aquel lago,
quizás esa sonrisa que has perdido,
quizás el beso dulce tan amado.
Yo te miraba, quieto y en silencio,
admirando a la Venus en un marco,
con mis sueños buscaba a la Afrodita
y a la madre celeste de los astros.
Por eso yo te vi con esa brisa,
con el viento feroz y endemoniado,
y te vi suspirando en la mañana
y buscar a las aves con su canto.
Ese soplo de brisa te confunde
al sentir sentimientos encontrados,
por un lado te mima y acaricia
y por otro es un aire muy helado.
Y de pronto te quedas pensativa
en tus ojos se nota gran cansancio,
una sombra recorre tus pestañas
una nube con timbre plateado.
Puede ser que las luces ya se apaguen
al marchar una vida hacia el ocaso,
y también que las almas se marchiten
y que vuelen los pétalos robados.
Sin embargo ese soplo tan sereno,
es la brisa que lleva mi regalo,
es un beso que mando hasta tu frente
y te dice mi amor, cuanto te amo.
Rafael Sánchez Ortega ©
31/07/09

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