Se pasan lentos los días
y llega presto el verano,
se van cayendo las hojas,
en el balcón, del geranio.
No sé que tiene la brisa
que deja un beso robado,
quizás será ese salitre
embriagador de los labios.
Yo miro a la mar rizada
con esas olas de blanco,
y veo como suspiran
al ver la playa a su lado.
La playa, sí, con las olas,
¡Qué bello amor para un cuadro!
las olas suben y bajan
rozan la arena despacio.
Es un crescendo sublime
un jadear sin descanso,
entre la dulce resaca
y las arenas gozando.
Veo llegar a las olas,
miro a la arena embobado,
mientras recojo sus frases
entre el fragor de su abrazo.
Luego me vuelvo a los cielos,
miro a la luna en lo alto,
a las estrellas que salen
y que me dán su regalo.
Yo las sonrío en silencio,
mientras muy quedo las hablo,
ellas temblando me miran,
entre pegasos alados.
Y entre sonrisa y mirada
ellas me ofrecen su mano,
sus dedos sí, tan bonitos,
esos que dejan sus rayos.
Luego me invitan a un baile,
a un bello vals de piano,
para bailar con las olas
entre suspiros velados.
Y yo no puedo negarme
ante su afán y su encanto,
salgo desnudo a las aguas
y allí me encuentro bailando.
Olas que van y que vienen,
olas que llegan cantando,
olas que besan la arena
para sus granos amarlos.
Rafael Sánchez Ortega ©
30/07/09
y llega presto el verano,
se van cayendo las hojas,
en el balcón, del geranio.
No sé que tiene la brisa
que deja un beso robado,
quizás será ese salitre
embriagador de los labios.
Yo miro a la mar rizada
con esas olas de blanco,
y veo como suspiran
al ver la playa a su lado.
La playa, sí, con las olas,
¡Qué bello amor para un cuadro!
las olas suben y bajan
rozan la arena despacio.
Es un crescendo sublime
un jadear sin descanso,
entre la dulce resaca
y las arenas gozando.
Veo llegar a las olas,
miro a la arena embobado,
mientras recojo sus frases
entre el fragor de su abrazo.
Luego me vuelvo a los cielos,
miro a la luna en lo alto,
a las estrellas que salen
y que me dán su regalo.
Yo las sonrío en silencio,
mientras muy quedo las hablo,
ellas temblando me miran,
entre pegasos alados.
Y entre sonrisa y mirada
ellas me ofrecen su mano,
sus dedos sí, tan bonitos,
esos que dejan sus rayos.
Luego me invitan a un baile,
a un bello vals de piano,
para bailar con las olas
entre suspiros velados.
Y yo no puedo negarme
ante su afán y su encanto,
salgo desnudo a las aguas
y allí me encuentro bailando.
Olas que van y que vienen,
olas que llegan cantando,
olas que besan la arena
para sus granos amarlos.
Rafael Sánchez Ortega ©
30/07/09

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