martes, 4 de agosto de 2009

HAY DOS GATOS EN CELO

Hay dos gatos en celo en plenilunio
uno maulla y pasea por el prado,
mientras otro precoz y muy coqueto
acicala los pelos de su rabo.

Quizás sirva esta simple moraleja
para ver a los hombres en su estado,
unos dan comedidos sus pasitos,
otros van por la vida muy ufanos.

No es posible saber a ciencia cierta
donde está la verdad de lo que hablo,
quizás sean palabras solamente,
quizás letras en versos olvidados.

Las personas no piensan cuando aman,
solo sienten los besos de los labios,
las caricias de manos temblorosas
y los pechos que gimen suspirando.

Hay cadencia en la noche que comienza
y la luna recoge su regalo,
el que deja su espejo sonriente,
en las aguas tranquilas de aquel lago.

Nuestros gatos en celo se persiguen,
hacen guiños y giros muy extraños,
ellos juegan y enredan sin saberlo
y se buscan y se aman sin descanso.

Mientras tanto, los hombres que dormitan,
los que esperan las horas del trabajo,
se contentan quizás con las migajas,
con un beso que al tiempo le han robado.

Y de pronto amanece un nuevo día,
ya se van a la cama nuestros gatos,
y los hombres fornidos se despiertan
y también ellos marchan a los campos.

Es posible que el trigo no florezca,
que la tierra les niegue los sembrados,
pero todo es la nada en un susurro
y se irán con los sueños a regarlos.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/08/09

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