Un rumor se acrecienta en la playa,
son las olas del mar y la arena,
es la dura resaca que viene
y es estira en la playa traviesa.
He escuchado ese diálogo sordo,
el run-run de las olas que llegan,
las historias que cuenta y cantan
marineros y viejas sirenas.
He sentido el sabor del salitre
penetrar y correr por mis venas,
y mezclarse en mi sangre de niño
para hacerme soñar con princesas.
Y aquel niño con mano inocente,
que llevaba la antorcha serena,
caminó por la playa desnudo,
en la noche siguiendo unas huellas.
No sabía los pasos que daba,
ni si era la línea muy recta,
pero presto tendía la mano
a otra mano que vino hacia ella.
He vivido los sueños eternos,
los del joven viviendo en su aldea,
escuchando el rumor de las olas
en la noche poblada de estrellas.
Y aquel joven de lindos cabellos,
que tenía su cara tan seria,
ya dejaba salir por sus ojos
unas lágrimas finas de perlas.
No sabía quizás nuestro joven
que escribía quizás un poema,
en las lágrimas llenas de vida,
cuando amaba al amor sin reservas.
Ahora vive el otoño sagrado,
un anciano con canas revueltas,
y allí dentro, en sus ojos tan verdes,
hay un mar de profunda belleza.
Hay un mar que pronuncia tu nombre,
es un eco que eterno resuena,
en las olas que marchan y vuelven,
al compás de resaca y mareas.
Ahora sabe al final muchas cosas,
ha vencido las dudas eternas,
ha notado el calor de los besos
y ha sentido tu carne despierta.
"...Un rumor se acrecienta en la playa,
son las olas que llegan inquietas,
es tu pecho mi amor que reclama,
es el mío que al tuyo contesta..."
Rafael Sánchez Ortega ©
25/08/09
son las olas del mar y la arena,
es la dura resaca que viene
y es estira en la playa traviesa.
He escuchado ese diálogo sordo,
el run-run de las olas que llegan,
las historias que cuenta y cantan
marineros y viejas sirenas.
He sentido el sabor del salitre
penetrar y correr por mis venas,
y mezclarse en mi sangre de niño
para hacerme soñar con princesas.
Y aquel niño con mano inocente,
que llevaba la antorcha serena,
caminó por la playa desnudo,
en la noche siguiendo unas huellas.
No sabía los pasos que daba,
ni si era la línea muy recta,
pero presto tendía la mano
a otra mano que vino hacia ella.
He vivido los sueños eternos,
los del joven viviendo en su aldea,
escuchando el rumor de las olas
en la noche poblada de estrellas.
Y aquel joven de lindos cabellos,
que tenía su cara tan seria,
ya dejaba salir por sus ojos
unas lágrimas finas de perlas.
No sabía quizás nuestro joven
que escribía quizás un poema,
en las lágrimas llenas de vida,
cuando amaba al amor sin reservas.
Ahora vive el otoño sagrado,
un anciano con canas revueltas,
y allí dentro, en sus ojos tan verdes,
hay un mar de profunda belleza.
Hay un mar que pronuncia tu nombre,
es un eco que eterno resuena,
en las olas que marchan y vuelven,
al compás de resaca y mareas.
Ahora sabe al final muchas cosas,
ha vencido las dudas eternas,
ha notado el calor de los besos
y ha sentido tu carne despierta.
"...Un rumor se acrecienta en la playa,
son las olas que llegan inquietas,
es tu pecho mi amor que reclama,
es el mío que al tuyo contesta..."
Rafael Sánchez Ortega ©
25/08/09

2 comentarios:
Ese rumor que se gesta en el pecho y se lanza y recibe sincero enternece el alma :)
Un beso Rafael.
Gracias por verle así Amy.
Un beso.
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