lunes, 24 de agosto de 2009

CONSERVABA EL SABOR DE TUS BESOS

Conservaba el sabor de tus besos,
el que había tomado en los labios,
esos besos robados del alma
con sabor a caricias de antaño.

¡Cuánta nota durmiente tenían
esas teclas del viejo piano!
¡Mil recuerdos allí reposaban
en los sueños vestidos de blanco!

Yo pensé que los niños se duermen,
que los jóvenes aman cantando,
y los hombres mayores sonríen
mientras van en el día al trabajo.

Recordaba el frescor de la brisa,
el nordeste del mar tan salado,
y aquel soplo divino del cielo
que llevaba hacia el puerto a los barcos.

¡Qué tesoro tan bello ofrecían
las gaviotas que pasan volando!,
unos niños las miran y juegan
con las olas que llegan despacio.

Yo pensé que los niños son niños,
que desean saberse mimados,
y también de la mano precisa,
de la madre que sepa cuidarlos.

Recordaba la tarde de estío,
cuando el sol ya se marcha al ocaso,
y se corre la bella cortina
en el cielo naranja y dorado.

¡Qué colores tan dulces tenían!,
¡qué belleza sutil la del cuadro!,
recordaba aquel joven marino
con nostalgia, quizás suspirando.

Yo pensé que los jóvenes aman,
bajo el sol, con la luna y los astros,
y ese amor desbordado que nace
necesita el amor de otros brazos.

Recordaba la noche de invierno,
con la nieve cayendo en el árbol,
y una alfombra de blanca hermosura,
me llevaba al jardín, desde el patio.

¿Qué caricia tan bella era aquella?,
¿Qué presente tan blanco y tan caro?,
¡Ya la nieve no llega en invierno!,
¡eso es cosa de tiempos pasados!.

Yo pensé que los hombres sonríen,
recordando los cuerpos amados,
los suspiros tal vez recogidos,
en el cuerpo que toman sus manos.

Conservaba el sabor de tus besos,
y los ojos tenía cerrados,
no quería romper esa bruma,
ese sueño tan lindo y tan casto.

¡Es la vida!, soñaba despierto,
¡es amor conservado en un frasco!,
con el dulce perfume y la esencia,
del cariño tan puro y robado.

Yo pensé que la vida se vive,
entre espinos, claveles y nardos,
hay que amar en la vida, ¡sin duda!,
y evitar los espinos clavarnos.

Conservaba el sabor de tus besos
y con ellos pensaba, soñando,
en un sueño que gime y que clama,
pronunciando tu nombre muy claro.

Rafael Sánchez Ortega ©
24/08/09

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