sábado, 8 de agosto de 2009

SE ACOMODA LA HIEDRA EN LAS PAREDES

Se acomoda la hiedra en las paredes
escalando sin prisa la ventana,
quizás busca el perfume sugerente
de la miel, del tomillo y de la jara.

Sin embargo la hiedra tan coqueta
quizás busca la huella de su cara,
esa dulce caricia misteriosa
que en el lecho reposa en la almohada.

Ella mira a través de los cristales
y se enreda trepando con desgana,
entre el verde florido de sus hojas
y ese vino de otoño que nos manda.

Es bonita la hiedra en las paredes
con su historia paciente y tan preclara,
ella sabe de lechos y de alcobas
y de historias y amores sin palabras.

Desde el campo regresan las abejas,
como también las mariposas blancas,
todas se funden con la hiedra verde,
formando un cuadro de emoción y calma.

Pero la hiedra insiste en su conquista
subiendo hasta el tejado de la casa,
se esquila por la adusta chimenea
cubriendo los ladrillos con sus ramas.

¡Cuánta quietud, cuánto silencio deja,
la hiedra temblorosa en la mañana!
¡Y con qué hojas de placer mis sueños,
coronan ya, sus sienes plateadas!

Pero la hiedra duerme un dulce sueño
mientras la brisa desde el mar levanta,
y va llegando temblorosa y fría
con aquel beso de pasión y algas.

Y entonces pienso en ríos y corrientes
en remolinos con sus aguas bravas,
en el fuego devorando los leños
y en el hambre naciendo en las entrañas.

Y de pronto me veo con la hiedra
escalando paredes encaladas,
buscando que despierte de ese sueño
rozando el bello borde de su cama.

Y con ella me fundo entre los senos,
en ese pecho que suspira y clama,
y allí le dejo el beso y la caricia
en los labios amantes que me aguardan.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/08/09

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