Con la raya del mar como frontera
te busco amor, te busco entre la nada,
te busco entre las brumas de la noche,
en esta espera, que seguro es vana.
Yo sé que los deseos son tinieblas
que quedan detenidos en el agua,
allí los sentimientos se consumen
con vientos y con fuertes marejadas.
La vida es una eterna paradoja,
buscamos el amor entre las almas,
buscamos esa cara tan bonita,
buscamos la caricia tan ansiada.
Buscamos en la tarde el horizonte,
allá donde la línea los separa,
al mar con esas olas de los sueños
y al cielo con las nubes sonrosadas.
Buscamos y te busco entre las sombras,
a ti mi amor, sin grandes esperanzas,
yo sé de los combates de los hombres
y sé que está perdida la batalla.
De niño yo buscaba en las estrellas
creyendo que el amor allí se alzaba,
más luego comprendí que eran los sueños,
la causa de esa fiebre y añoranza.
Ahora ya no miro a las estrellas,
me quedo con el agua tan salada,
tratando de observar entre las olas
el rayo que se acerque a mi ventana.
El rayo del amor tan deseado,
aquel que entre los dedos se me escapa,
el mismo que persigo desde niño,
y siempre que lo encuentro se me marcha.
Me quedo soñoliento contemplando
las olas que ahora llegan a la playa,
parecen los latidos de mi pecho
buscando sin cesar, lo que le falta.
Le faltas tú amor, ¡amor querido!,
la sangre tan preciosa con su savia,
el labio tembloroso que susurre,
y el beso estremecido, sin palabras.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/08/09
te busco amor, te busco entre la nada,
te busco entre las brumas de la noche,
en esta espera, que seguro es vana.
Yo sé que los deseos son tinieblas
que quedan detenidos en el agua,
allí los sentimientos se consumen
con vientos y con fuertes marejadas.
La vida es una eterna paradoja,
buscamos el amor entre las almas,
buscamos esa cara tan bonita,
buscamos la caricia tan ansiada.
Buscamos en la tarde el horizonte,
allá donde la línea los separa,
al mar con esas olas de los sueños
y al cielo con las nubes sonrosadas.
Buscamos y te busco entre las sombras,
a ti mi amor, sin grandes esperanzas,
yo sé de los combates de los hombres
y sé que está perdida la batalla.
De niño yo buscaba en las estrellas
creyendo que el amor allí se alzaba,
más luego comprendí que eran los sueños,
la causa de esa fiebre y añoranza.
Ahora ya no miro a las estrellas,
me quedo con el agua tan salada,
tratando de observar entre las olas
el rayo que se acerque a mi ventana.
El rayo del amor tan deseado,
aquel que entre los dedos se me escapa,
el mismo que persigo desde niño,
y siempre que lo encuentro se me marcha.
Me quedo soñoliento contemplando
las olas que ahora llegan a la playa,
parecen los latidos de mi pecho
buscando sin cesar, lo que le falta.
Le faltas tú amor, ¡amor querido!,
la sangre tan preciosa con su savia,
el labio tembloroso que susurre,
y el beso estremecido, sin palabras.
Rafael Sánchez Ortega ©
09/08/09

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