Pasaré por tu casa, si me dejas,
a buscar los suspiros retenidos,
tratando de encontrar aquel regalo,
la concha de un paciente peregrino.
Recuerdo aquella noche en la ribera,
la luna dormitando con los mirlos,
la marcha hacia su casa de las aves,
el canto tan alegre de los grillos.
Recuerdo tus pasitos de sirena
el viento que besaba mis oídos,
la bella caracola que me dabas
la nave que buscaba su destino.
Pero quiero mirar en tu morada,
en el baño cordial y tan chiquito,
en el lecho en que duermes por la noche,
y el salón donde estudias con tus libros.
Y yo busco despacio la escalera,
el portal que me lleve hasta tu piso,
ese timbre que espera la llamada,
esos ojos preciosos que yo he visto.
Y de pronto te veo en esa puerta
y allí quedo temblando como un niño,
sin saber ni siquiera qué decirte,
aunque piense palabras sin sentido.
Sentirás muchas cosas al mirarme
y hasta puede que veas a un mendigo;
sólo quiero cruzar tras esa puerta
para ver con mis ojos lo que pido.
Quizás vea en tu cuarto las muñecas,
el armario con ropas y vestidos,
las colonias que usas y te pones,
los pendientes que llevas con tu anillo.
Puede ser que me niegues esa entrada
y mis pasos regresen al vacío,
a las sombras profundas de mis dudas,
a vagar por los campos sin el trigo.
Si es así, volveré tras esos pasos,
renunciando a los sueños que he tenido,
y también al amor y las promesas
porque he muerto, mi amor, aunque esté vivo.
Rafael Sánchez Ortega ©
14/08/09
a buscar los suspiros retenidos,
tratando de encontrar aquel regalo,
la concha de un paciente peregrino.
Recuerdo aquella noche en la ribera,
la luna dormitando con los mirlos,
la marcha hacia su casa de las aves,
el canto tan alegre de los grillos.
Recuerdo tus pasitos de sirena
el viento que besaba mis oídos,
la bella caracola que me dabas
la nave que buscaba su destino.
Pero quiero mirar en tu morada,
en el baño cordial y tan chiquito,
en el lecho en que duermes por la noche,
y el salón donde estudias con tus libros.
Y yo busco despacio la escalera,
el portal que me lleve hasta tu piso,
ese timbre que espera la llamada,
esos ojos preciosos que yo he visto.
Y de pronto te veo en esa puerta
y allí quedo temblando como un niño,
sin saber ni siquiera qué decirte,
aunque piense palabras sin sentido.
Sentirás muchas cosas al mirarme
y hasta puede que veas a un mendigo;
sólo quiero cruzar tras esa puerta
para ver con mis ojos lo que pido.
Quizás vea en tu cuarto las muñecas,
el armario con ropas y vestidos,
las colonias que usas y te pones,
los pendientes que llevas con tu anillo.
Puede ser que me niegues esa entrada
y mis pasos regresen al vacío,
a las sombras profundas de mis dudas,
a vagar por los campos sin el trigo.
Si es así, volveré tras esos pasos,
renunciando a los sueños que he tenido,
y también al amor y las promesas
porque he muerto, mi amor, aunque esté vivo.
Rafael Sánchez Ortega ©
14/08/09

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