sábado, 15 de agosto de 2009

ERA UN LIBRO IMPACIENTE

Era un libro impaciente con sus hojas
esperando dejara mis poemas,
unas blancas cuartillas me invitaban
a volcar en las mismas mi tristeza.

Pero yo era guardián del universo,
de ese mundo que vive sin fronteras,
el farero que está sobre los mares,
vigilando las aguas y la niebla.

Y tomé con mis dedos aquel lápiz,
el que llevo conmigo en la chaqueta,
y me puse a dejar en la cuartilla
unos signos nerviosos con mis letras.

Y aquel libro silente cobró vida,
se llenó de perfumes de violetas,
y también de preciosas mariposas
que llegaron de pueblos y de aldeas.

Pero pronto sus hojas, con mi vida,
reflejaron el fruto de las venas,
con la sangre que fluye acelerada
hacia el alma que sufre mientras piensa.

Más los versos salían de mis dedos
y con ellos temores y las penas,
y un espacio de cielo se veía,
un oasis de paz entre la arena.

Y de pronto entre letras empañadas,
por el llanto y las lágrimas sinceras,
se asomaba una rosa dulcemente,
una flor con sus pétalos de seda.

Y me dije que sí, para mi mismo,
que la rosa anunciaba primaveras,
y con ella ilusiones y proyectos,
que podría mandar a las estrellas.

Porque versos y sueños son lo mismo
son los mimbres y vida que nos llega,
es la alegre y paciente sinfonía,
es amor que te envuelve y que te besa.

Y por eso aquel libro me esperaba
sugeriendo sus hojas que escribiera,
que plasmara mis penas y alegrías
y mis versos formaran un poema.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/08/09

No hay comentarios: