Como el agua se agita en la resaca,
buscando una y otra vez la vida,
así palpita el corazón herido,
en una marejada incontenida.
Es un latir constante y agitado
tratando así de retener los días,
como las olas que a la playa llegan
con esa espuma dulce y blanquecina.
¡Cuánto dolor y sufrimiento deja,
cuánta pasión existe contenida,
cuánto romper las olas en la costa
y cuántas algas vienen a la orilla!
Pero dolor, dolor, ¡oh corázón!,
tú sientes el dolor con esa espina,
cual duro temporal que del oeste
llegó sin avisar, ni pedir cita.
Los hombres proyectamos el futuro
por medio de palabras y sonrisas,
la vida nos convierte en marionetas,
guiñoles en teatros sin cortinas.
El mar en que se baten los recuerdos
golpea sin cesar la costa herida,
y el frágil corazón sufre llorando,
y siente con pesar tanta mentira.
Mentira de vivir, si es que se vive,
en medio de la bruma y la calima,
cargando con silencios y respuestas
encima de una barca que se hundía.
No llores corazón, ya queda poco,
aguanta ese timón, la vela henchida,
navegas sin patrón, solo en los mares
y pronto llegará la mano amiga.
Después del temporal llega la calma
con el nordeste fiel y suave brisa,
no existe una razón y es un misterio
se muere el corazón y el mar se agita.
Mas con el mar nos llega la esperanza,
en el latir de un pecho que respira,
en ese mundo de romance y sueños,
con salitre llegando hasta la orilla.
Rafael Sánchez Ortega ©
13/08/09
buscando una y otra vez la vida,
así palpita el corazón herido,
en una marejada incontenida.
Es un latir constante y agitado
tratando así de retener los días,
como las olas que a la playa llegan
con esa espuma dulce y blanquecina.
¡Cuánto dolor y sufrimiento deja,
cuánta pasión existe contenida,
cuánto romper las olas en la costa
y cuántas algas vienen a la orilla!
Pero dolor, dolor, ¡oh corázón!,
tú sientes el dolor con esa espina,
cual duro temporal que del oeste
llegó sin avisar, ni pedir cita.
Los hombres proyectamos el futuro
por medio de palabras y sonrisas,
la vida nos convierte en marionetas,
guiñoles en teatros sin cortinas.
El mar en que se baten los recuerdos
golpea sin cesar la costa herida,
y el frágil corazón sufre llorando,
y siente con pesar tanta mentira.
Mentira de vivir, si es que se vive,
en medio de la bruma y la calima,
cargando con silencios y respuestas
encima de una barca que se hundía.
No llores corazón, ya queda poco,
aguanta ese timón, la vela henchida,
navegas sin patrón, solo en los mares
y pronto llegará la mano amiga.
Después del temporal llega la calma
con el nordeste fiel y suave brisa,
no existe una razón y es un misterio
se muere el corazón y el mar se agita.
Mas con el mar nos llega la esperanza,
en el latir de un pecho que respira,
en ese mundo de romance y sueños,
con salitre llegando hasta la orilla.
Rafael Sánchez Ortega ©
13/08/09

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