Me encuentro una rosa blanca
cortada sobre el sendero,
y al verla yo la recojo
con mi cariño, en silencio.
Es una rosa tirada,
abandonada en el suelo,
cortada por una mano
que se perdió en el encuentro.
Me encuentro una rosa blanca
y sin saber por qué, tiemblo,
tiembla mi mano inocente,
acariciando sus pétalos.
Tiembla mi pecho de niño,
mientras se avivan mis sueños,
tiemblan mis labios ardientes,
cuando te mandan un beso.
Me encuentro una rosa blanca
en el verano sediento,
haciendo que en mi revivan
los juveniles proyectos.
Llegan las olas tempranas,
rizan las olas el viento,
y ese suspiro velado
deja el nordeste en mi cuerpo.
Me encuentro una rosa blanca
y ya ni sé lo que siento,
es una flor con encanto
que guarda tantos misterios.
Tantos secretos ansiados
tantos suspiros y rezos,
dejaron tanta alegría,
que sin querer me estremezco.
Me encuentro una rosa blanca,
la que leí en aquel verso,
no tiene cardos ni ortigas,
tiene cariño y afecto.
Porque esta rosa perdida,
la que tomé con mis dedos,
lleva un cariño velado
y en su blancura un "te quiero"...
Me encuentro una rosa blanca
y al encontrarla te veo,
te veo a ti, bella niña,
y al recordarte me duermo.
Me duermo sí, entre las sombras,
y en el calor de tu lecho,
con esa rosa temprana
que con mi amor yo te ofrezco.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/09
cortada sobre el sendero,
y al verla yo la recojo
con mi cariño, en silencio.
Es una rosa tirada,
abandonada en el suelo,
cortada por una mano
que se perdió en el encuentro.
Me encuentro una rosa blanca
y sin saber por qué, tiemblo,
tiembla mi mano inocente,
acariciando sus pétalos.
Tiembla mi pecho de niño,
mientras se avivan mis sueños,
tiemblan mis labios ardientes,
cuando te mandan un beso.
Me encuentro una rosa blanca
en el verano sediento,
haciendo que en mi revivan
los juveniles proyectos.
Llegan las olas tempranas,
rizan las olas el viento,
y ese suspiro velado
deja el nordeste en mi cuerpo.
Me encuentro una rosa blanca
y ya ni sé lo que siento,
es una flor con encanto
que guarda tantos misterios.
Tantos secretos ansiados
tantos suspiros y rezos,
dejaron tanta alegría,
que sin querer me estremezco.
Me encuentro una rosa blanca,
la que leí en aquel verso,
no tiene cardos ni ortigas,
tiene cariño y afecto.
Porque esta rosa perdida,
la que tomé con mis dedos,
lleva un cariño velado
y en su blancura un "te quiero"...
Me encuentro una rosa blanca
y al encontrarla te veo,
te veo a ti, bella niña,
y al recordarte me duermo.
Me duermo sí, entre las sombras,
y en el calor de tu lecho,
con esa rosa temprana
que con mi amor yo te ofrezco.
Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/09

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