Corre el tiempo y se detiene,
lo paramos un momento,
entre llantos y suspiros,
con las risas y los juegos.
Corre corre el tiempo amigo,
a pesar de estar muy quieto,
el reloj está parado,
su tic-tac está en silencio.
Un jilguero en la ventana
deja un canto muy alegre,
es su trino una alegría
un murmullo de la fuente.
Una linda mariposa
va buscando los claveles,
allá abajo, en los jardines,
y la sigo complaciente.
Suena el timbre de la puerta,
un cartero trae una carta,
unas letras y un mensaje
con un beso que te mandan.
Es un sueño retenido
un mensaje para el alma,
unas gotas de ese néctar
que te aclaran la garganta.
Yo disfruto del momento,
de esta dulce melodía,
de este tiempo que ha parado
una dulce manecita.
Y me pierdo en la pradera
donde crecen margaritas,
entre lirios y alehíes
entre robles y entre encinas.
Un lucero desde el cielo,
se pasea con la luna,
que coqueta y seductora
luce gasas de la bruma.
Yo la siento en mi silencio,
mientras duermo en la penumbra,
es el tiempo que ha parado
y que apuro con dulzura.
Yo me sumo a ese silencio,
a ese tiempo detenido,
a ese sueño sin fronteras,
sin finales ni principio.
Ya no quiero despertarme,
quiero el tiempo de los niños,
que no avancen los relojes
por los siglos de los siglos.
Pero el tiempo no hace caso,
él despierta y presto avanza,
otra vez los segunderos,
se aceleran y nos cantan.
Y es su lenta parsimonia,
un camino que nos marca,
son sus pasos nuestros pasos,
es su marcha nuestra marcha.
Corre el tiempo nuevamente,
con su canto perezoso,
y nos lleva con las prisas
hasta el mundo de los locos.
A ese mundo que es el nuestro,
donde el tiempo es un tesoro,
que no vemos y apreciamos
pues vivimos muy ansiosos.
Valoremos nuestro tiempo
y sepamos lo que valen
los minutos y las horas,
los segundos puntuales.
Busca al hombre en ese tiempo,
a las gentes y amistades,
a los seres que te quieran
y a quien quieras mas que a nadie.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/08/09
lo paramos un momento,
entre llantos y suspiros,
con las risas y los juegos.
Corre corre el tiempo amigo,
a pesar de estar muy quieto,
el reloj está parado,
su tic-tac está en silencio.
Un jilguero en la ventana
deja un canto muy alegre,
es su trino una alegría
un murmullo de la fuente.
Una linda mariposa
va buscando los claveles,
allá abajo, en los jardines,
y la sigo complaciente.
Suena el timbre de la puerta,
un cartero trae una carta,
unas letras y un mensaje
con un beso que te mandan.
Es un sueño retenido
un mensaje para el alma,
unas gotas de ese néctar
que te aclaran la garganta.
Yo disfruto del momento,
de esta dulce melodía,
de este tiempo que ha parado
una dulce manecita.
Y me pierdo en la pradera
donde crecen margaritas,
entre lirios y alehíes
entre robles y entre encinas.
Un lucero desde el cielo,
se pasea con la luna,
que coqueta y seductora
luce gasas de la bruma.
Yo la siento en mi silencio,
mientras duermo en la penumbra,
es el tiempo que ha parado
y que apuro con dulzura.
Yo me sumo a ese silencio,
a ese tiempo detenido,
a ese sueño sin fronteras,
sin finales ni principio.
Ya no quiero despertarme,
quiero el tiempo de los niños,
que no avancen los relojes
por los siglos de los siglos.
Pero el tiempo no hace caso,
él despierta y presto avanza,
otra vez los segunderos,
se aceleran y nos cantan.
Y es su lenta parsimonia,
un camino que nos marca,
son sus pasos nuestros pasos,
es su marcha nuestra marcha.
Corre el tiempo nuevamente,
con su canto perezoso,
y nos lleva con las prisas
hasta el mundo de los locos.
A ese mundo que es el nuestro,
donde el tiempo es un tesoro,
que no vemos y apreciamos
pues vivimos muy ansiosos.
Valoremos nuestro tiempo
y sepamos lo que valen
los minutos y las horas,
los segundos puntuales.
Busca al hombre en ese tiempo,
a las gentes y amistades,
a los seres que te quieran
y a quien quieras mas que a nadie.
Rafael Sánchez Ortega ©
27/08/09

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