Querido amor...
Cuando las sombras de la noche
cubren los caminos y cuando el alma
empieza a encogerse de tristeza,
yo vengo a ti,
a dejarte mis susurros,
a traerte mis palabras en silencio,
a dejarte estas letras encantadas
que te digan lo que siento
en un mensaje sin sonidos ni metáforas.
Yo vengo en esta noche,
como en tantas otras,
con el alma firme y el corazón palpitando,
para buscar tu mano,
para encontrar tu cara,
para llenarme de tu sonrisa
y para decirte que te amo.
Te busco, sí, como te busco cada día,
como te busco cada noche,
como deseo buscarte en madrugada,
en cada instante de este tiempo
que transcurre lentamente
deseando se acelere y pase pronto,
para llegar de nuevo hasta tu lado
y allí parar el tiempo eternamente.
Decir amor, es algo fácil,
es pronunciar las cuatro letras solamente,
pero yo quiero más,
yo quiero sentirlas,
quiero que cuando las diga,
cuando mi boca las pronuncie,
cuando mi mano las escriba,
vayan en esas cuatro letras un mensaje,
un suspiro que se escape de mi alma,
un deseo irrenunciable del cariño que yo siento,
y quiero que llegue hasta tu lado
con ese mensaje que solamente
tú conoces y bien sabes.
Por eso cuestan tanto
las palabras y se esconden,
por eso dudo tanto ahora en hallar
esa palabra tan preciada,
esas letras que una una
se compongan en un verso
y que hagan esa dulce melodía
de esperanza que yo quiero
que repose en tus oídos
y que llegue hasta tu alma.
Se marchitan los rosales
de la Iglesia primerizos
y renacen otros nuevos,
que aquí vienen,
con amor y con paciencia,
con el agua de los cielos
y el calor de la mañana,
con la mano que los cuida,
que los mima,
que los roza para ti, en este día.
Hay sirenas que ahora cantan en las playas,
caracolas con susurros escondidos;
hay gaviotas en la arena
que reposan y que esperan,
hay suspiros muy velados de las olas
que nos llegan con su encanto,
hay salitre entre las algas con su yodo,
hay amor en todo esto que describo.
Y hay amor, inmenso amor en lo que digo...
Y por eso yo te escribo
en el silencio de la noche,
sin guitarras ni folclore,
sin canciones y sin versos.
Solamente yo te te escribo para ti,
porque te amo,
porque siento lo que digo,
porque eso es algo que rebosa mis sentidos,
porque quiero que lo sepas,
porque busco tu mirada,
tu sonrisa,
tu paciencia, tu cariño...
Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/09
Cuando las sombras de la noche
cubren los caminos y cuando el alma
empieza a encogerse de tristeza,
yo vengo a ti,
a dejarte mis susurros,
a traerte mis palabras en silencio,
a dejarte estas letras encantadas
que te digan lo que siento
en un mensaje sin sonidos ni metáforas.
Yo vengo en esta noche,
como en tantas otras,
con el alma firme y el corazón palpitando,
para buscar tu mano,
para encontrar tu cara,
para llenarme de tu sonrisa
y para decirte que te amo.
Te busco, sí, como te busco cada día,
como te busco cada noche,
como deseo buscarte en madrugada,
en cada instante de este tiempo
que transcurre lentamente
deseando se acelere y pase pronto,
para llegar de nuevo hasta tu lado
y allí parar el tiempo eternamente.
Decir amor, es algo fácil,
es pronunciar las cuatro letras solamente,
pero yo quiero más,
yo quiero sentirlas,
quiero que cuando las diga,
cuando mi boca las pronuncie,
cuando mi mano las escriba,
vayan en esas cuatro letras un mensaje,
un suspiro que se escape de mi alma,
un deseo irrenunciable del cariño que yo siento,
y quiero que llegue hasta tu lado
con ese mensaje que solamente
tú conoces y bien sabes.
Por eso cuestan tanto
las palabras y se esconden,
por eso dudo tanto ahora en hallar
esa palabra tan preciada,
esas letras que una una
se compongan en un verso
y que hagan esa dulce melodía
de esperanza que yo quiero
que repose en tus oídos
y que llegue hasta tu alma.
Se marchitan los rosales
de la Iglesia primerizos
y renacen otros nuevos,
que aquí vienen,
con amor y con paciencia,
con el agua de los cielos
y el calor de la mañana,
con la mano que los cuida,
que los mima,
que los roza para ti, en este día.
Hay sirenas que ahora cantan en las playas,
caracolas con susurros escondidos;
hay gaviotas en la arena
que reposan y que esperan,
hay suspiros muy velados de las olas
que nos llegan con su encanto,
hay salitre entre las algas con su yodo,
hay amor en todo esto que describo.
Y hay amor, inmenso amor en lo que digo...
Y por eso yo te escribo
en el silencio de la noche,
sin guitarras ni folclore,
sin canciones y sin versos.
Solamente yo te te escribo para ti,
porque te amo,
porque siento lo que digo,
porque eso es algo que rebosa mis sentidos,
porque quiero que lo sepas,
porque busco tu mirada,
tu sonrisa,
tu paciencia, tu cariño...
Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/09

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