
Pudiste ser la reina de mi vida
y quedaste sumida en el silencio
yo te cortaba rosas y amapolas
para decir en ellas lo que siento.
Quizás no te llegaron mis palabras,
quizás mi corazón no estuvo atento,
quizás no fui capaz de emocionarte
ni de romper el dique de tu pecho.
Quizás en los rincones y las sombras
quedaron escondidos tantos besos,
quedaron como fuegos de artificio
varados en un dique por los hielos.
Yo te pedí que fueras mi princesa,
te supliqué con letras y con versos,
a ti acudí con bellas melodías
para sentir al fin tanto desprecio.
Yo corregí aquel rumbo de mi barca,
para salir deprisa, del infierno,
y conseguí mirar a las estrellas,
volviendo a ser patrón, buscando un puerto.
Alguien me rescató, me dió la mano,
alguien de quien no vi, su amor sincero,
era el Amor en todas sus palabras,
con cuerpo juvenil y rostro tierno.
Y entonces me enseñó cómo se ama,
sin luces de neón, sin falsos velos,
era sólo el Amor, ¡amor, amor!...
Amor sin compasión, sin tener miedo.
Por eso yo agradezco aquel rechazo,
aquella risa falsa, aquel momento,
la lágrima doliente derramada
y aquel adiós cruel hacia el desierto.
Entonces comprendí cómo se ama
cuando sentí unos labios sin recelo
venir a mi, buscando temblorosos,
pidiendo sólo el roce de mis dedos.
Ahora ya es recuerdo aquel pasado,
fantasmas desgarrados por los vientos,
ceniza de una vida ya vivida
momentos que pudiste hacer eternos.
La vida es una eterna paradoja,
vivimos y morimos en un sueño,
pasamos por la tierra de puntillas,
dejando nuestras huellas por los suelos.
Por eso yo recuerdo aquella herida,
cicatrizada ya con gran esfuerzo,
hoy es recuerdo sólo del pasado,
vivido con pesar y que agradezco.
Yo conseguí otra mano temblorosa,
la que llevó la mía hasta su seno,
la que rozó mis labios y mis sienes,
la que escribió su amor sobre mi cuerpo.
Por eso doy las gracias a los dioses
por eso aquella huida no lamento,
yo pude haber perdido en ti una reina
más ahora he conseguido el universo.
En él no existen globos de colores,
está sólo mi amor, el que yo quiero,
aquel que ha demostrado que me quiere,
y busca junto a mi la paz del cielo.
Rafael Sánchez Ortega ©
07/07/09
y quedaste sumida en el silencio
yo te cortaba rosas y amapolas
para decir en ellas lo que siento.
Quizás no te llegaron mis palabras,
quizás mi corazón no estuvo atento,
quizás no fui capaz de emocionarte
ni de romper el dique de tu pecho.
Quizás en los rincones y las sombras
quedaron escondidos tantos besos,
quedaron como fuegos de artificio
varados en un dique por los hielos.
Yo te pedí que fueras mi princesa,
te supliqué con letras y con versos,
a ti acudí con bellas melodías
para sentir al fin tanto desprecio.
Yo corregí aquel rumbo de mi barca,
para salir deprisa, del infierno,
y conseguí mirar a las estrellas,
volviendo a ser patrón, buscando un puerto.
Alguien me rescató, me dió la mano,
alguien de quien no vi, su amor sincero,
era el Amor en todas sus palabras,
con cuerpo juvenil y rostro tierno.
Y entonces me enseñó cómo se ama,
sin luces de neón, sin falsos velos,
era sólo el Amor, ¡amor, amor!...
Amor sin compasión, sin tener miedo.
Por eso yo agradezco aquel rechazo,
aquella risa falsa, aquel momento,
la lágrima doliente derramada
y aquel adiós cruel hacia el desierto.
Entonces comprendí cómo se ama
cuando sentí unos labios sin recelo
venir a mi, buscando temblorosos,
pidiendo sólo el roce de mis dedos.
Ahora ya es recuerdo aquel pasado,
fantasmas desgarrados por los vientos,
ceniza de una vida ya vivida
momentos que pudiste hacer eternos.
La vida es una eterna paradoja,
vivimos y morimos en un sueño,
pasamos por la tierra de puntillas,
dejando nuestras huellas por los suelos.
Por eso yo recuerdo aquella herida,
cicatrizada ya con gran esfuerzo,
hoy es recuerdo sólo del pasado,
vivido con pesar y que agradezco.
Yo conseguí otra mano temblorosa,
la que llevó la mía hasta su seno,
la que rozó mis labios y mis sienes,
la que escribió su amor sobre mi cuerpo.
Por eso doy las gracias a los dioses
por eso aquella huida no lamento,
yo pude haber perdido en ti una reina
más ahora he conseguido el universo.
En él no existen globos de colores,
está sólo mi amor, el que yo quiero,
aquel que ha demostrado que me quiere,
y busca junto a mi la paz del cielo.
Rafael Sánchez Ortega ©
07/07/09

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