
Mandé mensajes al cielo
para ver si te llegaban,
eran suspiros velados
con una hermosa esperanza.
Luego busqué entre la tierra
la voz que pide y que clama,
los pasos que dejan huellas
entre su polvo enmarcadas.
Yo caminaba en silencio
buscando allí, tu ventana,
sobre la alegre alameda
con ese sol que le daba.
Más no observé tu presencia
ni en el balcón ó fachada,
nada llevaba tu sello
tras las cerradas persianas.
Quizás tus ojos dormían,
sobre una nube muy blanca,
quizás soñabas despierta
con una dulce jornada.
Yo sonreía embobado
mientras pensaba en tu cara,
con ese pelo tan lindo
y con la rosa encarnada.
Pues yo te vi en aquel baile
donde tus manos alzabas,
sonando las castañuelas
entre el tomillo y la jara.
Ya sé que invento mis sueños
y que fabrico montañas
buscando tu cara linda
con esa rosa preciada.
Tú la pusiste en tu pelo
con alegría y con ganas,
era una rosa preciosa,
que para ti fue cortada.
Recuerdo que era un domingo,
poco después de la Pascua,
era un jardín sonriente
con un rosal en la plaza.
Miraste sí, aquella rosa,
aquella flor deseada,
que destacaba en silencio
como si fuera una llama.
Yo no dudé ni un segundo,
corté la rosa sagrada,
y te la dí con un beso
que me salía del alma.
Tú la llevaste a tu pelo,
como si fueras gitana,
y yo te dije que sí,
que allí coqueta, colgara.
Que se quedara a tu lado,
que en ese pelo brillara,
con ese beso y mensaje
que un poco antes le daba.
Luego pasaron los días
entre el folclore y jarana,
yo te pedía tus besos
tú sólo amor reclamabas.
Así nació aquel noviazgo
y nos sacó de la nada,
para llevarnos muy lejos
hasta ese altar que ahora aguarda.
Yo he madrugado nervioso,
como una estrella temprana,
más no te veo en el cielo,
quizás aún duermes, mi amada.
Quizás aún sigues soñando
con esas bellas semanas
vividas intensamente
en romerías ansiadas.
Quizás tu pies se deslicen
por ese piso y sus tablas,
y un fondo de castañuelas
ponga a llorar la guitarra.
¡Ay niña, no tardes mucho,
salta por fin de la cama,
ponte tu blanco vestido,
ven a cruzar tu alianza!
¡Te espero niña, te espero!,
pero, ¿qué veo?, ya bajas,
vienes aquí, hasta la Iglesia,
con esa rosa de grana.
La rosa que simboliza
que yo te amo y me amas,
la rosa que yo corté
y tú aceptaste encantada.
Mandé mensajes al cielo,
mandé mensajes al agua,
con un suspiro muy quedo,
diciéndote "que te amaba"
Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/09
para ver si te llegaban,
eran suspiros velados
con una hermosa esperanza.
Luego busqué entre la tierra
la voz que pide y que clama,
los pasos que dejan huellas
entre su polvo enmarcadas.
Yo caminaba en silencio
buscando allí, tu ventana,
sobre la alegre alameda
con ese sol que le daba.
Más no observé tu presencia
ni en el balcón ó fachada,
nada llevaba tu sello
tras las cerradas persianas.
Quizás tus ojos dormían,
sobre una nube muy blanca,
quizás soñabas despierta
con una dulce jornada.
Yo sonreía embobado
mientras pensaba en tu cara,
con ese pelo tan lindo
y con la rosa encarnada.
Pues yo te vi en aquel baile
donde tus manos alzabas,
sonando las castañuelas
entre el tomillo y la jara.
Ya sé que invento mis sueños
y que fabrico montañas
buscando tu cara linda
con esa rosa preciada.
Tú la pusiste en tu pelo
con alegría y con ganas,
era una rosa preciosa,
que para ti fue cortada.
Recuerdo que era un domingo,
poco después de la Pascua,
era un jardín sonriente
con un rosal en la plaza.
Miraste sí, aquella rosa,
aquella flor deseada,
que destacaba en silencio
como si fuera una llama.
Yo no dudé ni un segundo,
corté la rosa sagrada,
y te la dí con un beso
que me salía del alma.
Tú la llevaste a tu pelo,
como si fueras gitana,
y yo te dije que sí,
que allí coqueta, colgara.
Que se quedara a tu lado,
que en ese pelo brillara,
con ese beso y mensaje
que un poco antes le daba.
Luego pasaron los días
entre el folclore y jarana,
yo te pedía tus besos
tú sólo amor reclamabas.
Así nació aquel noviazgo
y nos sacó de la nada,
para llevarnos muy lejos
hasta ese altar que ahora aguarda.
Yo he madrugado nervioso,
como una estrella temprana,
más no te veo en el cielo,
quizás aún duermes, mi amada.
Quizás aún sigues soñando
con esas bellas semanas
vividas intensamente
en romerías ansiadas.
Quizás tu pies se deslicen
por ese piso y sus tablas,
y un fondo de castañuelas
ponga a llorar la guitarra.
¡Ay niña, no tardes mucho,
salta por fin de la cama,
ponte tu blanco vestido,
ven a cruzar tu alianza!
¡Te espero niña, te espero!,
pero, ¿qué veo?, ya bajas,
vienes aquí, hasta la Iglesia,
con esa rosa de grana.
La rosa que simboliza
que yo te amo y me amas,
la rosa que yo corté
y tú aceptaste encantada.
Mandé mensajes al cielo,
mandé mensajes al agua,
con un suspiro muy quedo,
diciéndote "que te amaba"
Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/09

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