sábado, 4 de julio de 2009

EN UN PÓRTICO BELLO


En un pórtico bello y reluciente
yo escuchaba el sonido de los ángeles,
eran voces y música mezcladas,
que dejaban sus cantos en la tarde.

Y esos coros con ángeles humanos
nos brindaron canciones admirables,
con sus letras tan finas y armoniosas
arrancadas de pechos singulares.

Yo escuchaba embebido sus palabras
y traté de captar aquel mensaje,
que salía gozoso hacia los cielos,
como un vuelo divino de las aves.

Sorprendidas salieron las sirenas
con salitre y con algas de los mares,
y vinieron con ellas sus pegasos
a rendir su tributo a los altares.

Acudieron también las golondrinas,
las de rimas y picos singulares,
esos versos llamados Becquerianos,
que transforman en sueño los lenguajes.

Y las bellas y dulces mariposas
se sumaron también a aquel paisaje,
y volaron por cirios y entre velas,
en un juego de luz parpadeante.

Un navío surgió de entre la niebla,
con marinos que rezan una salve,
al cruzar de regreso para el puerto
a la Virgen Barquera que es su madre.

Y las olas llegaban a la playa
a dejar en la arena su peaje,
a dejar que se estiren sus cabellos
a dormir entre dunas y arenales.

Y llegaron devotos de otros tiempos.
que cantaron también entre las naves,
en el Pórtico lindo de la Iglesia,
con sus voces agudas y sus graves.

Resonaron entonces letanías
entre kiries y arpegios innombrables,
y el latín aprendido en nuestra infancia
convirtió lo soñado en realidades.

Yo gozaba escuchando todo aquello,
eran ecos llegados con el aire,
eran voces salidas de unos hombres,
que cantaban allí, como los ángeles.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/07/09

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