domingo, 19 de julio de 2009

SINFONÍA INACABADA

Sinfonía inacabada
de trompetas y de abriles,
de guitarras y claveles,
con la luz de los jardines.

Los violines con las rosas
dejan giros invisibles,
el piano entrega nardos
y hasta sueños con delfines.

Suenan violas en el bosque
por rincones y confines,
un laúd, muy plañidero,
hace al hombre más humilde.

Un pastor canta un romance
bajo el haya que está triste,
va contando las andanzas
de dos jóvenes felices.

Pero el haya no se entera
mira al roble tan sensible,
vé su tronco poderoso
y sus ramas infantiles.

Ella espera la caricia
de unas manos invisibles,
con la brisa desbordada
de la mar y del salitre.

Sin embargo son dos jóvenes,
dos pequeños aprendices,
dos amantes de la vida
tan nerviosos como mimbres.

Ellos buscan una sombra
ese abrigo tan sublime,
ese roble con su encanto
y a la encina que los mire.

Hay dos labios que se buscan
unos besos muy sutiles,
unos pechos que palpitan
y unas manos persuasibles.

Suenan danzas en el campo,
con rabeles por el liquen,
una flauta suena clara
y hasta el sol hace un eclipse.

Pero el haya no comprende,
esta música que existe,
ni tampoco este romance
que se canta en los rediles.

Es su vida estar muy sola,
entre aves y entre alfiles
flanqueada por los dioses
de los bosques tan temibles.

...Sinfonía inacabada
saca el vals del arrecife,
haz que vientos y mareas
digan hoy que somos libres.

Que bailemos esta danza,
como bailan los delfines,
y se fundan nuestros pasos
con el paso de los cisnes.

Allá abajo, tras un roble,
hay dos jóvenes que insisten,
y sus manos no descansan
buscan sendas y declives.

Es la danza de las manos,
del amor sin elixires,
de dos almas que se aman
con pasión y sin matices.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/07/09

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