jueves, 2 de julio de 2009

LA LLEVABAN A ENTERRAR


La llevaban a enterrar
unos hombres paso a paso,
con el rostro compungido
y con lágrimas y llanto.

Una rosa se marchaba
y quedaban en el barro
unos pétalos de seda
con paciencia desgranados.

Era hermosa y agraciada
con el rostro dulce y claro,
con sonrisa siempre eterna
que afloraba de sus labios.

Yo la quise desde niña,
en invierno y en verano,
compartiendo sus secretos
y los sueños tan ansiados.

Estudiamos en el pueblo
entre libros ya pasados
con sus tapas desgastadas
por el uso de otras manos.

Una noche en primavera,
-yo recuerdo que fue en Mayo-
contemplamos a la luna
con su brillo plateado.

Y la vimos silenciosa
estirándose en el lago,
se peinaba sus cabellos
y sus bucles tan dorados.

Un suspiro enternecido
brotó pronto a nuestro lado,
llegó fresco, con la brisa,
y con él nos abrazamos.

Se buscaron nuestros ojos,
y ambos cuerpos se juntaron,
y escuchamos los latidos
de un reloj imaginario.

Fue el principio de una vida,
fue el principio de un regalo,
día a día lo vivimos
con el paso de los años.

Pero el tiempo no es eterno,
pasa pronto y hace daño,
cuando llega la noticia,
y te quedas tan helado.

Una gripe inoportuna,
unas toses y un catarro,
provocaron esas fiebres,
y en el lecho la postraron.

Yo busqué sus ojos lindos,
con los rasgos tan castaños,
encontrándo allí la fiebre
en su fondo gris y pálido.

Es la muerte que ha venido,
me dijeron con descaro,
los doctores que la vieron
en su lecho y en el cuarto.

Yo no quise comprenderlo,
no admitía aquel engaño,
no era ella la culpable
era culpa del tabaco.

Sin embargo si era cierto
y sus ojos se apagaron,
me quedé con su mirada
con los sueños tan dorados.

Con los ratos compartidos
entre sueños y entre cantos,
con su risa cantarina,
con sus labios tan preciados.

Me quedé con su recuerdo
como un dulce escapulario,
que ahora cuelga de mi alma
y me anima al recordarlo.

¡Ay lunita de mi vida!,
siento frío en mi costado,
es un hielo que congela
este cuerpo tibio y laso.

Este cuerpo que ahora sufre
lleva el pecho atravesado,
por las flechas y el recuerdo
que salieron de aquel arco.

Sin embargo así es la vida,
no podemos remediarlo,
unos nacen y otros mueren
de los buenos y los malos.

Yo me quedo con mi pena,
mientras busco con mis manos,
tantos sueños y recuerdos,
del presente que es pasado.

Y me digo que no es justo,
que yo vaya al camposanto,
tras la niña de mis sueños
con el pecho destrozado.

¡Ay lunita de mi vida
hazme un hueco en tu regazo,
no me quites este sueño
de dormir entre tus brazos!

De dormirme para siempre
con la niña que he amado,
y acercarme hasta los cielos
para ver su rostro santo.

..."La llevaban a enterrar,
la portaban entre cuatro,
sus amigos la rezaban
padrenuestros y un rosario"...

Rafael Sánchez Ortega ©
01/07/09

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