jueves, 2 de julio de 2009

ESCUCHO LAS CAMPANAS DE LA TORRE


Escucho las campanas de la Torre
y pienso en ese tiempo de hace años.
Entonces los vecinos de mi tierra,
salían a los mares a cruzarlos.

Marchaban como marchan los marinos,
ceñudos, pensativos, cabizbajos,
buscaban en los mares la esperanza,
la pesca que pudiera remediarlos.

Dejaban en el pueblo a su familia,
pidiendo muchas cosas de fiado,
la leche, la farmacia y el tendero,
tendrían que esperan al mar tan bravo.

El mar que contenía tantos peces
brillaba con un tinte huracanado
había una tormenta contenida
y estaba con sus olas sin descanso.

Remaban los curtidos marineros,
bogaban entre gritos y entre tacos,
mezclaban juramentos y plegarias
con miedo retenido en su costado.

Saludan las gaviotas cuando pasan
con vuelo vacilante y muy cansado,
luchando contra el viento del oeste
en busca de la costa con su faro.

Yo pienso en ti mi mar, mar de mis versos,
la mar que he conocido del Cantábrico,
la mar que trabajaron mis mayores,
el mar que tantos sueños ha frustrado.

Tú fuiste corazón de los poetas,
tus aguas en sus versos se prendaron,
en ellos se quedó tanto salitre
mezclado con sudores y trabajo.

Yo sé que existen mares en la vida
y un mar al que le escribo sin dudarlo,
un mar que me acelera los sentidos
y besa con su brisa entre mis labios.

Por eso yo te escribo en este día,
precisamente a ti, mi mar soñado,
y quiero que te lleguen estas letras
escritas con paciencia por mi mano.

Ya sé que estoy mezclando los recuerdos
con sueños que revivo de hace años,
y sé que en estos tiempos no se llevan,
los besos con fervor y los halagos.

Mas quiero que tú mires a los cielos
y veas a las nubes en lo alto
y sueñes un poquito en este día,
a ti, mi mar azul, mi mar amado.

Rafael Sánchez Ortega ©
01/07/09

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