viernes, 17 de julio de 2009

ERA UN DÍA DE FIESTA

Era un día de fiesta simplemente
con cohetes y música de baile,
celebraba las fiestas aquel pueblo
donde fueron dos jóvenes amables.

Yo recuerdo aquel día de hace tiempo,
han pasado cuarenta Navidades,
han venido cuarenta primaveras
y cuarenta veranos desiguales.

Fue una fecha grabada en mi costado
y su noche con sombras admirables,
la recuerdo temblando todavía,
mientras tomo unas manos singulares.

Fue el amor, yo me digo, sin dudarlo,
quien llevó nuestros pasos por la calle,
a buscar un rincón en el silencio
y dejar a los pechos que se hablasen.

Y saltaron los mismos de alegría
entre luces y sombras chispeantes,
nuestras almas, cargadas de ilusiones,
dieron paso a los sueños y al romance.

Y vivimos un tiempo enamorados
proyectando mañanas adorables,
asumiendo la propia fantasía,
y no viendo tras ella las maldades.

Sin embargo, ahora miro aquel pasado,
y no veo recuerdos ni saudades,
aquel tiempo vivido fue una etapa
de dos almas y vidas singulares.

Hay misterios que abundan en la vida,
hay secretos ocultos en paisajes,
yo sé bien el principio de aquel acto
pero ya no recuerdo sus finales.

Una sombra confusa los rodea,
una noche sin rosas y azahares,
no hay recuerdos que vengan a mi mente,
ni fantasmas ni sueños que reclamen.

Fue una fecha robada al calendario,
una noche esperando alunizajes,
aquel hombre llegando hasta la luna
y aquel niño soñando con su amante.

Yo recuerdo esa escena, solamente,
con el alba llegando a las ciudades,
lo demás se ha fundido en mi memoria
con los sueños perdidos por los aires.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/07/09

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