
Ya las sombras poblaban la tierra
y sacaban su luz las farolas,
en un cielo muy limpio y sin nubes
las estrellas precoces asoman.
Por la playa, sin prisa ninguna,
van pasando las bellas gaviotas,
han dejado de andar por los muelles
y ahora van a su nido en la costa.
Una niebla se eleva en silencio
y se abraza con fuerza a las sombras,
yo la miro quizás extasiado
mientras huelo el frescor de las rosas.
Van pasando minutos eternos
y el reloj va marcando las horas,
yo percibo el rumor de los ángeles
con su voz celestial y armoniosa.
Me paseo con tanto murmullo
y mis pasos ya buscan la alcoba,
voy buscando la tierna figura
con quien quiero encontrar la victoria.
Y la encuentro tendida en el lecho,
solitaria, esperándome a solas,
y la quito fugaz el vestido
para ver ese cuerpo que asoma.
Yo recorro el cristal con mis dedos
y percibo la piel y su aroma,
esa seda sutil y constante
esa dulce fragancia que brota.
No es posible que suenen timbales
anunciando una dulce victoria,
es la vida de amar los amantes
con los labios que buscan sus bocas.
Hay pasión en la noche que llega,
hay un halo de luz tan remota,
que penetra en los cuerpos temblando
y a sus almas inquietas, las roza.
Y las cubre de incienso y de nieve
una mano precisa y pintora,
es tu mano que unida a la mía,
en el cuerpo, que amamos, se posa.
Nuestras sombras se quedan mirando,
acarician los cuerpos absortas,
en la noche que avanza deprisa,
con las manos preciosas que exploran.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/06/09
y sacaban su luz las farolas,
en un cielo muy limpio y sin nubes
las estrellas precoces asoman.
Por la playa, sin prisa ninguna,
van pasando las bellas gaviotas,
han dejado de andar por los muelles
y ahora van a su nido en la costa.
Una niebla se eleva en silencio
y se abraza con fuerza a las sombras,
yo la miro quizás extasiado
mientras huelo el frescor de las rosas.
Van pasando minutos eternos
y el reloj va marcando las horas,
yo percibo el rumor de los ángeles
con su voz celestial y armoniosa.
Me paseo con tanto murmullo
y mis pasos ya buscan la alcoba,
voy buscando la tierna figura
con quien quiero encontrar la victoria.
Y la encuentro tendida en el lecho,
solitaria, esperándome a solas,
y la quito fugaz el vestido
para ver ese cuerpo que asoma.
Yo recorro el cristal con mis dedos
y percibo la piel y su aroma,
esa seda sutil y constante
esa dulce fragancia que brota.
No es posible que suenen timbales
anunciando una dulce victoria,
es la vida de amar los amantes
con los labios que buscan sus bocas.
Hay pasión en la noche que llega,
hay un halo de luz tan remota,
que penetra en los cuerpos temblando
y a sus almas inquietas, las roza.
Y las cubre de incienso y de nieve
una mano precisa y pintora,
es tu mano que unida a la mía,
en el cuerpo, que amamos, se posa.
Nuestras sombras se quedan mirando,
acarician los cuerpos absortas,
en la noche que avanza deprisa,
con las manos preciosas que exploran.
Rafael Sánchez Ortega ©
20/06/09

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