
Se puede enamorar con la palabra
haciendo que se exciten los sentidos,
con voces que escuchamos de una boca
y envuelvan nuestro pecho en un suspiro.
Hay veces que miramos una rosa
buscando entre su tallo los latidos,
las voces con las risas y los llantos,
la eterna primavera con su brillo.
Existe entre la rosa y la palabra
un halo de perfecto colorido,
un mundo donde viajan nuestros sueños
buscando más allá del infinito.
Las rosas nos embrujan con el fuego,
del rojo que es color de los hechizos,
y luego nos transportan a la calma
del blanco, hasta llegar al amarillo.
Las rosas no precisan de palabras,
aguantan mal que bien los días fríos,
esperan una mano que las riegue,
y al sol con su calor y su cariño.
En cambio las palabras hilvanadas
se forman letra a letra, con sigilo,
y salen a los labios lentamente
brotando hacia la brisa que ha venido.
Entonces un oído enamorado
escucha esas palabras como un niño,
y tiembla como tiemblan los amantes,
sin fiebre, con fervor y está perdido.
Perdido con la voz y la palabra
del ser que las musita sin un grito,
del alma enamorada que las deja
marcando con sus voces un camino.
Se puede enamorar con la palabra,
con frases que nos traigan los sonidos,
no importa que no tengas una rosa,
la rosa del amor ya va contigo.
Rafael Sánchez Ortega ©
21/06/09
haciendo que se exciten los sentidos,
con voces que escuchamos de una boca
y envuelvan nuestro pecho en un suspiro.
Hay veces que miramos una rosa
buscando entre su tallo los latidos,
las voces con las risas y los llantos,
la eterna primavera con su brillo.
Existe entre la rosa y la palabra
un halo de perfecto colorido,
un mundo donde viajan nuestros sueños
buscando más allá del infinito.
Las rosas nos embrujan con el fuego,
del rojo que es color de los hechizos,
y luego nos transportan a la calma
del blanco, hasta llegar al amarillo.
Las rosas no precisan de palabras,
aguantan mal que bien los días fríos,
esperan una mano que las riegue,
y al sol con su calor y su cariño.
En cambio las palabras hilvanadas
se forman letra a letra, con sigilo,
y salen a los labios lentamente
brotando hacia la brisa que ha venido.
Entonces un oído enamorado
escucha esas palabras como un niño,
y tiembla como tiemblan los amantes,
sin fiebre, con fervor y está perdido.
Perdido con la voz y la palabra
del ser que las musita sin un grito,
del alma enamorada que las deja
marcando con sus voces un camino.
Se puede enamorar con la palabra,
con frases que nos traigan los sonidos,
no importa que no tengas una rosa,
la rosa del amor ya va contigo.
Rafael Sánchez Ortega ©
21/06/09

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