
Hace tiempo soñaba con estrellas
y con ranas croando en el estanque,
con lindas mariposas de colores,
con niños que jugaban a ser ángeles.
Hoy pude ser testigo de aquel tiempo,
contemplando ese cuadro en este viaje,
y de nuevo gocé con esos sueños
en la Sierra de Gredos admirable.
Las estrellas brillaban en la noche
con su luz, temblorosa y palpitante;
yo miré las estrellas extasiado
musitando mis labios un mensaje.
Un mensaje de amor y de esperanza
en las frases quizás balbuceantes,
de ese niño que mira a las estrellas
recordando tu voz y tus modales.
He sentido aquel canto de las ranas,
su croar de palabras sin lenguaje,
y detuve mi paso, sin dudarlo,
para ver a las ranas un instante.
Y allí estaban, coquetas y orgullosas,
con su cuerpo pardusco, inolvidable,
ofreciendo su canto en la laguna,
ese canto que hechiza a los amantes.
Y a las ranas siguieron mariposas
que velaban mis pasos vacilantes,
para darme su alegre colorido
y decir que allí estaban esperándome.
Y las dije que si, que yo quería
ese vuelo, sin prisas, en la tarde,
ese beso que dejan en mis ojos
en la dulce caricia que renace.
También vi a los niños que jugaban
construyendo castillos en el aire
y tirándose nieve, con las bolas,
en un acto de broma y sin maldades.
Comprendí que los niños sólo juegan
y que sueñan viviendo realidades,
en su vida de luz y fantasía
con la atenta mirada de sus padres.
Yo no sé si reflejo en estos versos
ese cuadro que quiero yo mostrarte,
donde un mundo quizás maravilloso,
vino a mi, en la sierra, sin buscarle.
Con la Sierra de Gredos bien presente
y su viejo Almanzor tan vigilante
retornaron con fuerza tantos sueños,
tantas ganas de amar, para entregarte.
Rafael Sánchez Ortega ©
Hoyos del Espino
14/06/09
y con ranas croando en el estanque,
con lindas mariposas de colores,
con niños que jugaban a ser ángeles.
Hoy pude ser testigo de aquel tiempo,
contemplando ese cuadro en este viaje,
y de nuevo gocé con esos sueños
en la Sierra de Gredos admirable.
Las estrellas brillaban en la noche
con su luz, temblorosa y palpitante;
yo miré las estrellas extasiado
musitando mis labios un mensaje.
Un mensaje de amor y de esperanza
en las frases quizás balbuceantes,
de ese niño que mira a las estrellas
recordando tu voz y tus modales.
He sentido aquel canto de las ranas,
su croar de palabras sin lenguaje,
y detuve mi paso, sin dudarlo,
para ver a las ranas un instante.
Y allí estaban, coquetas y orgullosas,
con su cuerpo pardusco, inolvidable,
ofreciendo su canto en la laguna,
ese canto que hechiza a los amantes.
Y a las ranas siguieron mariposas
que velaban mis pasos vacilantes,
para darme su alegre colorido
y decir que allí estaban esperándome.
Y las dije que si, que yo quería
ese vuelo, sin prisas, en la tarde,
ese beso que dejan en mis ojos
en la dulce caricia que renace.
También vi a los niños que jugaban
construyendo castillos en el aire
y tirándose nieve, con las bolas,
en un acto de broma y sin maldades.
Comprendí que los niños sólo juegan
y que sueñan viviendo realidades,
en su vida de luz y fantasía
con la atenta mirada de sus padres.
Yo no sé si reflejo en estos versos
ese cuadro que quiero yo mostrarte,
donde un mundo quizás maravilloso,
vino a mi, en la sierra, sin buscarle.
Con la Sierra de Gredos bien presente
y su viejo Almanzor tan vigilante
retornaron con fuerza tantos sueños,
tantas ganas de amar, para entregarte.
Rafael Sánchez Ortega ©
Hoyos del Espino
14/06/09

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